Os propongo que imaginéis la siguiente escena: llegáis a casa en vuestro coche eléctrico y lo enchufáis a vuestra red doméstica para cargarlo, aprovechando vuestras placas solares. Cuando lo tenéis aparcado, su batería también puede suministrar electricidad a vuestra casa, e incluso venderla a la red eléctrica. Como la electricidad es más barata por la noche, ahorráis doblemente si enchufáis el coche a esas horas, ya que podéis utilizarla luego de día, cuando es más cara, tanto para conducir como para suministrar electricidad a vuestra casa. El coste de los coches eléctricos se amortiza antes y se contribuye a que podamos sustituir cuanto antes a los contaminantes modelos de combustión.

No es ciencia ficción, es la tecnología V2G: siglas en inglés de Vehicle to Grid, Vehículo a Red. Se trata de aprovechar la carga bidireccional de las baterías para almacenar energía y devolverla a una red, ya sea la de casa o la general. La mayoría de las necesidades energéticas de un hogar se pueden cubrir utilizando un pequeño porcentaje de la batería, quedando aún mucha autonomía para conducir el coche. Además, hay que recordar que gran parte del tiempo los coches se encuentran estacionados.

El objetivo es sacarle más partido no solo a los coches eléctricos, sino también a las energías renovables y a las redes y sistemas eléctricos inteligentes. Y es que igual ya lo habíais pensado: si utilizamos las típicas baterías “power bank” para cargar los móviles cuando no podemos enchufarlos, ¿por qué no podríamos utilizar la batería de los coches eléctricos de almacén de energía?

Aunque puede sonarnos a lejano, lo cierto es que la V2G se lleva investigando desde hace años, y en algunos países ya lo están probando, o están poniendo las bases para generalizarla entre la ciudadanía de aquí a pocos años. En Alemania por ejemplo ya hay modelos de coches eléctricos aprobados por los reguladores de este país para que puedan devolver energía a la red. Asimismo, las baterías, cada vez más perfeccionadas, estarán concebidas para ello. Algunas empresas trabajan ya en modelos de baterías “inteligentes” con un software que predice el consumo energético de los edificios y reacciona a los cambios en los precios de la energía, eligiendo el mejor momento para almacenar la energía o liberarla.

En este contexto podríamos hablar del tridente de la transición energética, en el que cada una de sus puntas se ayuda a la otra para ser más efectivas: coche eléctrico como sistema de movilidad sostenible y de almacenamiento energético, energías renovables, y redes y sistemas inteligentes. Y todos tan contentos: los fabricantes de coches y baterías eléctricas comercializan más unidades, las energías renovables se utilizan más y mejor al poder guardarlas cuando no hay producción (pensemos en una placa solar por la noche o en días nublados), y los sistemas inteligentes optimizan el consumo, la producción y la distribución de la energía entre los distintos elementos de la red. Es también un escenario típico en las denominadas smart cities, el modelo de ciudad inteligente al que se aspira de aquí a los próximos años para todas nuestras urbes, basada en la sostenibilidad y la eficiencia energética.

Este sistema también sirve para generalizar un concepto que aquí nos encanta, el de los “prosumidores”. Los ciudadanos ya no solo son consumidores pasivos del sistema energético, sino que se vuelven productores y gestores de su propia energía, que pueden generar, guardar y producir para si mismos o para la red general. El contrato de los prosumidores con la compañía eléctrica especificará que pueden consumir y generar energía. La compañía ofrecerá electricidad con precios cambiantes según la hora, y el prosumidor podrá conseguir el mejor precio, por ejemplo, si carga su coche eléctrico a partir de la una de la madrugada.

La red eléctrica y el sistema de producción también salen beneficiados. La energía no se consume ni se produce de manera uniforme a lo largo del día y de la noche, pero al contar con un sistema de almacenamiento, se ofrece estabilidad y eficiencia, ya que se reducen los picos de demanda y se trabaja con menos niveles de potencia. Asimismo, los usuarios pueden seguir teniendo energía en caídas o cortes de la red, ya que contarán con su energía almacenada.

Este sistema puede permitir además darle una segunda vida a las baterías de cualquier vehículo eléctrico, ya sean coches o autobuses, haciendo así más sostenible su uso. La idea es reutilizarlas si el vehículo se ha dado de baja, o lo más común, cuando ofrecen menor autonomía. En cualquiera de los casos, estas baterías tienen todavía cierta capacidad y podrían utilizarse como estaciones de almacenamiento de energía renovable en industrias, comunidades y bloques de apartamentos o incluso en hogares y oficinas. Se trataría de un sistema escalable: en función de las necesidades de almacenamiento, se añadirían más o menos unidades a la estación.

La tecnología V2G tendrá que hacer frente a varios desafíos. Su posible desarrollo correrá parejo al avance que puedan tener los vehículos eléctricos, las baterías, las energías renovables o las redes eléctricas inteligentes. La propia tecnología de las baterías de los coches eléctricos y su conectividad con estos sistemas tendrá que ser probada y aprobada para que funcione de manera correcta.

El V2G supondrá una transformación radical en la forma en la que se consume, produce y distribuye la electricidad. Por ello, obligará a diversos cambios importantes, como las reglamentaciones del suministro eléctrico o el establecimiento de sistemas de bonificaciones para los propietarios de estos vehículos.

El cambio merecerá la pena. ¿No creéis?