¿Tu edificio se construyó antes de 1980? Si la respuesta es sí, es muy probable que tu casa sea una “depredadora de energía”.

Pero no te preocupes, la culpa no es tuya. Es más bien una “culpa” colectiva, que viene de no tan lejos.

En España, durante la etapa del llamado “desarrollismo” en los años 60 y 70, se edificaron una enorme cantidad de edificios. Y, como os podéis imaginar, todavía tendrían que pasar unos años antes de que comenzáramos a preocuparnos por la eficiencia energética, a tener conciencia ambiental, y a pensar en el ahorro.

Fue a partir de los años 80 cuando empezamos a ver los primeros indicios de un cambio de criterio.

Los avances han sido lentos y progresivos, y aún hoy necesitamos continuar haciendo un esfuerzo para hacer de nuestros edificios lugares que guarden el calor o el frío de forma eficiente, en vez de, literalmente, tirarlos por la ventana.

Hemos hecho mucho. Pero algunos datos nos hablan de la necesidad de hacer más.

Según un informe del Consejo para la Edificación Sostenible en España, el sector de los edificios es responsable de más de un tercio de las emisiones de CO2 y del 40 % del consumo de energía en Europa.

Y si hablamos de cómo afrontar el reto del cambio climático y la sostenibilidad, nuestro parque de viviendas no pasa el corte: el 97% de los edificios existentes son ineficientes.

Es obvio que cualquier edificio está pensado básicamente para aislarnos del entorno. ¿A ti te gusta tener invitados incómodos para cenar? A mí desde luego no… ¡y muchas veces el frío me acompaña sin que lo llame! Por no hablar de esos despertares con la nariz fría o ese calor pegajoso de las noches tórridas de verano.

Claro, que ni tú ni yo somos promotores ni constructores de edificios y no podemos intervenir en cómo se está levantando la obra nueva.

Sin embargo, sí podemos hacer mucho para mejorar lo que ya tenemos, el espacio donde vivimos. Si te digo que el 30 % de la energía que empleas en dejar de pasar frío o calor se va por las ventanas de tu casa, seguro que empiezas a pensar en tomar medidas.

Y si además aprendes que más de la mitad de ese desperdicio se puede evitar con un buen aislamiento… ahí ya casi seguro que te convenzo del todo.

De hecho, según un estudio de la Escuela Técnica Superior de Edificación de la Universidad Politécnica de Madrid, los sistemas de aislamiento térmico exterior (SATE) reducen un 57% la pérdida de energía de la vivienda comparada con su estado original.

Dale al play y en cuatro minutos y medio verás seis consejos de nuestros compañeros del IDAE que te ayudarán a ahorrar energía y dinero. Pero no solo eso: harán que tu casa sea un espacio más confortable, con menos ruido y que contribuya a una menor contaminación y gasto energético:

¡Algunos de estos trucos son tan fáciles que te bastará con tener una vela a mano! Y para otro te bastará con un burlete.

Lo importante es que, si los sigues, estarás más templado en invierno sin necesidad de llevar una manta zamorana a rastras, y en verano no tendrás que poner el aire acondicionado en modo Siberia.

Dejarás, al fin, de tirar la sostenibilidad, la eficiencia, el frío, el calor (y parte de tu nómina) por la ventana.

Y vosotros, ¿ya sois eficientes en el uso de la energía y protegiéndoos del frío y del calor?

Nos vemos la próxima semana.