¿Sabíais que España cuenta con 25 millones de viviendas (uno de los mayores parques de edificios obsoletos energéticamente), que unos dos millones están en mal estado de conservación y que el 60% se construyeron sin ninguna normativa de eficiencia energética? Y encima, los edificios concentran el 30% del consumo final de energía, correspondiendo el 18% a las viviendas y el 12% al sector terciario: comercio, turismo, hostelería…

Con esta introducción queda claro que hay mucho por hacer y que es algo que nos afecta a todas las personas. Y no solo por cuestiones de eficiencia energética, que sí; de ahorro en la factura de la luz, que sí; y de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, que sí; sino también por cuestiones de confort, calidad de vida y salud. E incluso, si me apuráis, de convivencia con el vecindario y con el entorno.

Os he contado por aquí en numerosas ocasiones la necesidad de contar con entornos urbanos eficientes, amables y saludables, teniendo en cuenta el potente sumidero energético (aspiradora lo llamé en una ocasión) que es la ciudad. Pues bien, afrontar la rehabilitación energética de los edificios que están en esas ciudades (y también en pueblos, eh) tiene que formar parte de un modelo urbano más integrador, donde todo el mundo nos aprovechemos de conceptos ya repasados por aquí (autoconsumo, agregación de la demanda, movilidad sostenible…) más los que ofrece esa rehabilitación.

Ya sé que conocéis casi de memorión las medidas a aplicar en cada hogar para lograr una mayor eficiencia energética: mejorar el aislamiento, localizar y arreglar las fugas de calor/frío (atención a los cajetines de las persianas), jugar con toldos, persianas y lamas exteriores, uso racional de los sistemas de climatización… Muy bien, estáis al día, pero ¿qué ocurre cuando el problema es estructural, es decir, que afecta a todo el edificio en el que se incluye nuestro piso?

Seguro que más de una y de uno habéis activado vuestros recelos y hasta os ha venido a la cabeza una palabra maldita entre las comunidades de vecinos: “derrama”. Tranquilos, los primeros que están concienciados para que mejore la situación de esos edificios y vecindarios obsoletos energéticamente hablando que comentaba al principio, son las Administraciones, desde la Unión Europea a tu ayuntamiento, conscientes de que por ahí se nos escapan dineros, salud y gases de efecto invernadero.

Por este motivo, existen ayudas públicas (estatales, autonómicas y locales), muchas veces asociadas a normativas de obligado cumplimiento (directiva de eficiencia energética, código técnico de la edificación, reglamento de instalaciones térmicas en edificios, certificado energético…), que conviene conocer, aunque los administradores de fincas suelen estar al tanto de ellas. Y si no hay administrador, la publicidad institucional nos recuerda a menudo nuestras obligaciones y posibilidades en el mundo de la rehabilitación energética de edificios.

Hablando de ayudas, os pongo el ejemplo del Programa de Ayudas para la Rehabilitación Energética de Edificios (PAREER) que gestionamos aquí, desde el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). Durante el penúltimo período de convocatorias (está ahora a falta de evaluación completa el PAREER II) se tramitaron 1.513 expedientes que supusieron la mejora de la eficiencia energética de 42.358 viviendas y 8.398 habitaciones de hoteles y residencias. La media de inversión por expediente ha sido de 200.000 euros y la ayuda de 120.000 euros. Es decir, que la derrama no es para alarmarse tanto. Y aprendemos eh, que en el PAREER II casi el 80% de las solicitudes de ayudas corresponden a comunidades de propietarios

Pero hay algo más que ya os he apuntado. En algunos casos se trata de intervenciones integrales en barrios muy degradados, no solo por la estructura de los edificios, sino también por la deficiente planificación, mantenimiento y hasta abandono urbanístico y social. Un ejemplo es el barrio de la Txantrea de Pamplona, uno en los que se ha actuado dentro del PAREER con cofinanciación del Fondo Europeo de Desarrollo Regional y donde se han tenido muy en cuenta criterios horizontales de igualdad de oportunidades y no
discriminación, responsabilidad social y sostenibilidad ambiental.

Se tienen en cuenta, por lo tanto, criterios sociales a la hora de otorgar las ayudas, como que actuaciones que se realicen en edificios de viviendas que hayan sido calificados bajo algún régimen de protección pública o en los situados en áreas de regeneración y renovación urbanas. Os recuerdo que gracias a la suma de otras financiaciones (por ejemplo desde la Unión Europeo) el coste final para la comunidad será aún menor.

Como en la Txantrea, me viene a la memoria otro ejemplo de rehabilitación integral de un barrio donde han participado en igualdad de condiciones el vecindario, los profesionales del sector de la construcción y la Administración Pública. Es el de Ciudad de los Ángeles, en Madrid. Lo conozco, lo he visitado, he hablado con el vecindario, y me comentan cosas sobre la mejora en la etiqueta energética de su piso, que lo ha revalorizado; sobre que no tienen que poner tanto la calefacción en invierno; sobre la implantación de ascensores y rampas de acceso a los edificios; o sobre la mejora de los parques y el arbolado, incluso algunos árboles se plantaron para dar sombra a las fachadas y amortiguar el calor.ç

Pues eso, mucho más que rehabilitación energética de los edificios: una pieza más de la transformación social y ambiental de las ciudades para hacerlas más habitables e integradoras.