Me gustan las redes de climatización. Os lo suelto así, a bocajarro y aprovechando que recientemente se ha presentado en el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) el séptimo censo de este tipo de instalaciones que elabora la Asociación de Empresas de Redes de Calor y Frío (Adhac), gracias a un convenio con el propio IDAE.

No os preocupéis las personas que estéis menos duchas en la materia, que os explico enseguida qué es eso de las redes de climatización. Son aquellas que, partiendo de una central que puede estar abastecida por energías renovables, calores residuales o combustibles fósiles, calienta y/o enfría agua que se canaliza a través de unas tuberías que permiten suministrar agua caliente sanitaria, calefacción y/o refrigeración a diferentes edificios.

Según el censo de Adhac realizado durante 2018, en España han constatado la existencia en funcionamiento de 402, aunque afirman que han localizado 424. ¿Y quién se beneficia de ellas? Pues viviendas particulares, locales comerciales, hoteles, industrias de lo más variadas, polideportivos y piscinas, colegios, institutos y universidades, centros de salud y hospitales y un sinfín de edificios administrativos.

Y me gustan estas redes por lo mismo que dijeron en la presentación del censo: porque fomentan la generación distribuida de energía, no centralizada; por su eficiencia al producir esta energía cerca de donde se consume; por su contribución al ahorro de emisiones de gases de efecto invernadero; por reducir tanto el consumo, como el coste de la energía, con lo bien que le viene a nuestros bolsillos; y por tener una amplia variedad de fuentes de generación: biomasa, biogás, solar térmica, geotérmica, gas, calor residual…

En el IDAE, Adhac expuso que hay 300 redes que utilizan biomasa, 81 funcionan con gas natural y, a partir de ahí, siguen la electricidad (25), gasoil (doce), cogeneración (siete), calor residual y gas licuado del petróleo, ambas con seis, biogás (cuatro) y solar térmica (tres).

Sí, ya sé que la suma os sale un número capicúa bien bonito (444) que no cuadra con las 402 censadas, pero pensad que hay algunas que son híbridas, es decir, que utilizan, por ejemplo, biomasa y gas a la vez.

La potencia total instalada entre las 402 redes suma 1.448 megavatios (MW), de los cuales 829 se corresponden con las de calor y frío, 612 con las de solo calor y siete con las de solo frío. Sin embargo, hay muchas más redes de calor (363) que mixtas (35) y de solo frío (4).

La culpa de que cada año se sumen más redes de este tipo (en 2016 se contabilizaron 306 y en 2017, 351) la tienen en parte el IDAE y Adhac, ya que con el convenio que firmaron hace siete años han contribuido al fomento de estas instalaciones, entre otras cosas publicando siete censos ya. La difusión de los mismos permite conocer el grado de implantación y desarrollo de las redes y orienta sobre futuras iniciativas e inversiones.

Además, el IDAE ha desarrollado una aplicación informática, el Mapa de Calor, que ayuda aún más en la misma dirección. Este Mapa de Calor sirve de apoyo a las administraciones para elaborar planificaciones relacionadas con la calefacción y refrigeración eficientes y dota a los agentes del sector de una herramienta para identificar y realizar una evaluación inicial de la demanda existente en cualquier área del territorio nacional. La aplicación muestra las zonas de esa demanda de calefacción y refrigeración y las fuentes potenciales de calor residual y energías renovables.

Poco más, que por estas fechas ya están en marcha algunas redes de calor que, sobre todo en el norte peninsular, ayudan a paliar la bajada de las temperaturas y mantener calentitos los hogares.

Recuerda que muchas veces se utiliza biomasa en forma de pélets, astillas e incluso hueso de aceituna procedente de explotaciones forestales y agrícolas cercanas a las calderas donde se queman. Con lo cual, tenemos cerquita la fuente de energía, su producción y su consumo. Eso sí que es eficiencia. ¿Veis por qué me gustan tanto estas redes?