No me canso de repetirlo: la energía es mucho más que la luz que ilumina tu hogar, arranca el autobús que te lleva al trabajo y activa la calefacción que calienta tu aula en la universidad. Es contaminación, es cambio climático,   pero  también   es empleo, es salud, es bienestar, es participación ciudadana, es soberanía e independencia energética, es seguridad, es avance tecnológico, es innovación, es, en definitiva, una cuestión estratégica como país. Afortunadamente tenemos ya en nuestras manos un plan que lo tiene en cuenta y que busca mejorar el clima y nuestras vidas: Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC).

De entrada, permitidme que me quede con Plan de Energía y Clima, es más corto y más directo. Y eso, que estos días estoy especialmente emocionada porque con la publicación del borrador del plan se cumplen deseos y realidades que llevo aquí desgranando semana a semana y que se resumen en uno: la generación y consumo de energía de manera responsable y sostenible es un elemento transversal a nuestras vidas y esencial para luchar contra el cambio climático. Es pieza clave para la transición ecológica porque nos jugamos mucho de aquí a 2030, Europa y el planeta entero (recordar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS, y su Agenda 2030), y este plan pone mucho de su parte para que no perdamos ese juego, que en realidad es un reto.

El plan no es algo que se hayan inventado de repente unas mentes lúcidas y comprometidas en España. No, responde a la obligación de acelerar la lucha contra el cambio climático y mejorar nuestro bienestar acorde con las agendas y calendarios que ya han establecido la Comisión Europea (paquete Energía limpia para todos los europeos y reglamentos y directivas que lo desarrollan), el Convenio de Cambio Climático (Acuerdo de París) y la ONU (ODS). Eso sí, me consta que para elaborarlo se ha trabajado a fondo, a diario, contando con los mejores profesionales y contrastando y cruzando muchos datos y variables sociales, económicas, tecnológicas y ambientales. Y eso no quita que se mejore a medida que los avances tecnológicos lo permitan. Para esto se ha abierto un periodo de consulta de un mes, para que todos opinemos.

Como el documento en cuestión ocupa 309 páginas y aporta tantas cosas y tan trascendentales os lo voy a desgranar a lo largo de las siguientes semanas a través de once entradas a mi blog, con lo cual esta primera queda a modo de presentación para advertiros principalmente que estamos ante una cuestión estratégica como país. Tenemos todo 2019 para leerlo, aportar ideas desde diferentes sectores y para que, a finales de año, la Comisión Europea nos confirme que es perfectamente válido (como el del resto de los Estados miembros) para cumplir con los objetivos marcados hasta 2030.

 

¿Cuál es la evolución del PNIEC?

De entrada, se identifican los retos y oportunidades a lo largo de las cinco dimensiones establecidas en la Unión de la Energía para Europa: descarbonización, incluidas las energías renovables; eficiencia energética; seguridad energética; mercado interior de la energía e investigación, innovación y competitividad. A modo de recordatorio, los objetivos globales europeos hasta 2030 se establecen en un 40% de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) respecto a 1990; una cuota del 32% de renovables sobre el consumo total de energía final bruta; un 32,5% de mejora de la eficiencia energética y un 15% de interconexión eléctrica entre los Estados miembros.

El Plan de Energía y Clima espera lograr en 2030 una presencia en España de las energías renovables sobre el uso final de energía del 42%. En cuanto a emisiones, el objetivo es una disminución de, al menos, el 20% respecto a 1990 en el año 2030. Asume además como objetivo de mejora de la eficiencia energética el formulado por la directiva europea que la regula (32,5%), pero en las proyecciones del “escenario objetivo” que expone “la reducción del consumo de energía primaria –con respecto al escenario tendencial europeo que sirve de referencia para la fijación de este objetivo– es del 39,6% en 2030”.

Y me diréis: “pero bueno, si se consume menos energía y hay que ser más eficientes, eso afectará a la economía, la del país y la de las familias, que tendrán que gastar más en adaptar sus viviendas, sus coches y sus consumos”. Nada de eso porque, en cuanto a esto último, el plan está pensado para que se ahorre dinero en el consumo energético. Adicionalmente, habrá ayudas, desgravaciones, planes de eficiencia… Además, en el caso de los impactos sociales, se han estudiado y utilizado una serie de indicadores que concluyen que las medidas del plan favorecen a los hogares de menor renta y, especialmente, a los colectivos vulnerables.

Aquí podríamos añadir todo lo que ayudará la extensión de unas energías renovables cada vez más competitivas, el autoconsumo, la generación distribuida y la gestión de la demanda a través de los agregadores. Sí, todo esto está en el Plan de Energía y Clima, y lo dice bien clarito en cuanto a nuestra participación activa: “quienes en el modelo convencional eran sólo consumidores, hoy pueden ser agentes proactivos”. En definitiva, una mayor participación de la ciudadanía en el sector energético.

Lógicamente, también nos beneficiaremos en empleos (se calcula un aumento neto de entre 250.000 y 364.000); en inversiones (236.124 millones de euros entre 2021 y 2030); en independencia energética, que tanta falta nos hace (se reducen la importación de combustibles fósiles en 75.379 millones de euros hasta 2030); y en el PIB (aumento de entre 19.300 y 25.100 millones de euros al año). E incido en eso de dejar de depender tanto sobre todo de un petróleo caro, sucio y peligroso: con las medidas contempladas en el plan, en 2030 reduciríamos en quince puntos porcentuales esta dependencia energética, pasando del 74% de la actualidad al 59%.

En el aspecto social, que sabéis que a mí me preocupa tanto, añado que el plan se acompaña de una Estrategia de Transición Justa dirigida a prever y gestionar con criterios de solidaridad las consecuencias que tenga sobre aquellas comarcas y personas directamente vinculadas a tecnologías contaminantes que se verán progresivamente desplazadas. Interesante para que quede claro que nos afecta a todos, a quienes están más avanzados en la senda de la transición energética y a quienes están más rezagados, a quienes viven en la ciudad y a quienes lo hacen en medios rurales.

Todas las personas estamos llamadas a participar en esta transición y el Plan de Energía y Clima pone las herramientas para que nadie se quede descolgada. Como dijo nuestro presidente, Pedro Sánchez, en la presentación del plan hace unos días: “hemos puesto rumbo a la transición ecológica para construir una España más responsable, sostenible y competitiva”. Participemos y colaboremos entonces en mantener este rumbo.

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