Vacaciones para disfrutar y cuidar del planeta

Hace unos días os orienté sobre cómo aprovechar las vacaciones a fondo sin dejar de lado nuestro compromiso con el medio ambiente, y más en concreto con el ahorro y la eficiencia energética. Ese compromiso es algo que debemos asumir como natural, intrínseco a nuestro comportamiento, y no como “una carga de responsabilidad más que nos mete ahora Luzía”. Dicho esto, nos vamos a la montaña, el bosque y la costa a disfrutar como os merecéis.

  1. La montaña, más cerca de lo que crees

¿A qué no se os va de la cabeza la imagen de la cola de montañeros esperando para hacer cumbre en el Everest que publicaron los medios de comunicación esta primavera? Y no digo nada de las toneladas de basura (tiendas de campaña, excrementos, material de escalada, envases, botellas de oxígeno…) que muchas de las ascensiones dejan tras de sí. Evidentemente, estas no son formas de hacer montañismo.

Mirad, yo el otro día, en pleno mes de julio, subí a una preciosa cima de 1.900 metros del Sistema Central y me crucé solo con cuatro personas y no vi ni un solo desperdicio. Eso sí, majestuosos vuelos de águilas reales, vistas espectaculares y apacibles pastos de alta montaña, todos lo que queráis. La masificación y el consumo desaforado (de objetos y de paisajes) son una de esas causas que generan impactos desagradables, como la proliferación de residuos o el consumo excesivo de energía en desplazamientos. Sube a conocer cimas cercanas. Explora y disfruta de lo local.

En España tenemos la suerte de contar con macizos y cordilleras de “todos los colores”: Picos de Europa, sierra de Guadarrama, Pirineos, volcanes en Canarias, Sierra Morena… pero también otras cumbres cerca de casa, en destinos turísticos muy a mano, de menor altitud e igual de reconfortantes. En ellos habrá praderas de montaña, nacederos de ríos, roquedos y vuelos de rapaces que harán que nuestro paso se integre de forma natural y agradable en el paisaje, casi sin que se note. Como debe ser.

  1. El bosque, el aire acondicionado más natural

A mí me ha pasado. Aparte de un riachuelo o una fuente, nada refresca más durante una caminata que alcanzar un bosque o un rodal de árboles. Y si se mezcla el río o el arroyo con un tupido bosque de ribera repleto de sauces, alisos y álamos, el termostato natural baja aún más grados.

Incluso os recomiendo otra mezcla: las montañas con el bosque. En este sentido me valen el pinar de Valsaín en la sierra de Guadarrama (Segovia); el hayedo de los puertos de Tortosa y Beceite, pero también sus pinares y hasta encinares (Tarragona, Teruel y Castellón); y los hayedos y robledales de Somiedo (Asturias). Y así nos podríamos tirar toda la entrada al blog: Los Alcornocales, hayedo de Montejo, fragas del Eume, castañar de El Tiemblo, laurisilva de Garajonay

Aprovecho para comentaros otra cosa que me gusta de los bosques: siempre me permiten interactuar con zonas rurales, con sus cultivos, su ganadería extensiva, su arquitectura, su patrimonio histórico y, por supuesto, sus gentes. Otra recomendación: no os obcequéis en visitar mil lugares; elegid pocos y disfrutar a fondo de ellos. De paso, reduciréis la huella contaminante y de carbono con menos desplazamientos a motor.

  1. La costa, mucho más que playa

He puesto la costa y no la playa por lo mismo que os cuento de la masificación turística. Sinceramente, a mí no me gusta nada eso de vivir al lado del mar lo mismo que aguanto el resto del año: ruido, prisas y atascos (de personas y de coches). Creo que tanto la belleza del mar como nosotras como personas nos merecemos otra cosa.
En la costa hay acantilados en la Costa Brava, dunas en Alicante, marismas en Huelva, delta en Tarragona, rías en Galicia, charcas intermareales en Canarias y flora y fauna en todo el litoral. Y si sumas a esto atardeceres y amaneceres sublimes ya ni os cuento. Todo esto es compatible con darnos un bañito entre cualquiera de las opciones paisajísticas mencionadas, entre las que siempre surgen calas y playas recogidas que hacen más reparador ese chapuzón.

  1. Y mejor a pie

Insisto, en todos los casos utiliza la máxima de andar mejor que el transporte motorizado. Para ello hay que huir de los destinos que te dirigen hacia ellos en vehículo casi hasta la línea de playa o la cumbre de alguna montaña. Os viene bien optar por la caminata por dos razones, y ninguna de ellas es la chapa de que “el coche contamina” (que también). Es bueno siempre hacer ejercicio y, segunda, hacerlo por entornos naturales, como son la montaña, el bosque o la costa, está científicamente demostrado que aporta beneficios para vuestra salud .
No me queda más que seguir deseándoos unas vacaciones saludables y sostenibles. Espero que estas pistas os ayuden a conseguirlo.