Energías renovables y eficiencia energética contra la despoblación rural

Me impresionó mucho la manifestación que tuvo lugar el 31 de marzo en Madrid contra la despoblación rural con el lema de “la revuelta de la España vaciada”. Tanto, que, como seguro os pasó a muchos de vosotros y de vosotras, comencé a pensar en cómo llenar esa España vaciada con propuestas, medidas, ilusión y, sobre todo, personas cuyo día a día no conlleve un suplicio por falta de expectativas y servicios y una injusta desigualdad con las zonas urbanas.

Y claro, yo barro para casa y me acuerdo de las energías más limpias y de la eficiencia energética, porque ya hemos demostrado ampliamente por aquí que ambas generan empleo y oportunidades de desarrollo en cualquier medio en el que se llevan a cabo. Os recuerdo que el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), del que tanto os he hablado por aquí en los últimos meses, afirma que se “se prestará especial apoyo a la investigación innovación y competitividad en aquellas tecnologías que tienen un mayor potencial de beneficio socioeconómico en España”, y se cita en concreto el desarrollo industrial y el asentamiento rural.
Pero la medida principal del PNIEC vinculada con el medio rural tiene que ver con una fuente de energía renovable en concreto: la biomasa. Esta se considera la renovable más rural de todas, ya que las materias primas que posteriormente se transforman en energía proceden principalmente de explotaciones forestales, agrícolas y ganaderas, y casi siempre de los residuos generados en todas ellas.

Por eso el PNIEC deja claro que la gestión y el aprovechamiento de la biomasa conllevan elementos de valor añadido que van más allá de su potencial exclusivamente energético. “Permiten la dinamización del entorno rural y mitigan el riesgo de despoblación, así como favorecen una mejor adaptación de determinados territorios a los efectos del cambio climático”. Así lo explican en el borrador del plan.
Además, se recuerda que la biomasa puede desempeñar un papel instrumental en el ámbito de la transición justa y que “por ello forma parte de diversas estrategias impulsadas por las diferentes Administraciones Públicas más allá del ámbito de aplicación de este plan”. ¿Sabéis por ejemplo que en varios países de Europa, como el Reino Unido, Países Bajos, Dinamarca o Bélgica han convertido centrales de carbón en centrales de biomasa?

Es cierto que esto genera mucho debate sobre la procedencia de la biomasa para alimentar a estas grandes centrales, ya que si viene desde Norteamérica o Rusia deja de tener un efecto directo de creación de empleo y riqueza en el territorio. Pero sin duda se trata de algo a tener muy en cuenta de cara a revitalizar zonas mineras en España enclavadas en entornos rurales donde tradicionalmente se ha vivido del carbón.
Pensad que la biomasa genera un montón de puestos de trabajo (es la renovable más eficiente en este campo) a lo largo de toda su cadena de valor. Por ejemplo: la extracción, preparación, acondicionamiento y transporte de los diferentes tipos de biomasas para ser convertidos en biocombustible sólidos. Hoy en día hay calderas en España que utilizan no solo pélets de madera y astillas, sino restos de podas de viñedos y olivos, huesos de aceitunas y cáscaras de almendras. Y luego tenemos el biogás, que aprovecha, entre otros, los purines de las granjas de cerdos y el estiércol procedente de otro tipo de ganado.

Toda esta logística genera empleo en el mismo lugar donde se lleva a cabo, que, insisto, en su mayoría son zonas rurales. Luego tenemos los trabajos de gestión y mantenimiento de estufas y calderas, que pueden ser industriales y de gran potencia (redes de calor o district heating) o más pequeñas para viviendas unifamiliares o comunidades de vecinos. Añadamos a ello las plantas de biogás con la digestión anaerobia, que en muchas ocasiones están pegadas a explotaciones ganaderas para ofrecer una energía local y de cercanía, además de autoconsumo para las propias granjas y cuya valorización energética ayuda a la gestión de residuos.
Pero hay más, porque no nos podemos olvidar del resto de renovables. La gran mayoría de parques eólicos se instalan en zonas rurales, y aunque no generan tantos puestos de trabajo como la biomasa, sí suponen ingresos por el alquiler o compra de los terrenos para que se instalen los aerogeneradores. Otra cosa, con la aprobación del real decreto sobre autoconsumo, son muchas las cooperativas del medio rural que se han interesado por él. Ahora ya hay varias instalaciones fotovoltaicas en granjas y para bombeo de agua en regadíos.

Ya que hablo de regadío me acuerdo de la necesidad que tienen las comunidades de regantes de ahorrar en el consumo energético y de que, afortunadamente, gracias a los fondos europeos (Feader y Feder, principalmente), a los programas de desarrollo rural (PDR) nacional y autonómicos y a los programas de la Unión Europea tipo LIFE, Horizonte 2020 o Interreg, se ponen en marcha muchos proyectos de ahorro y eficiencia energética. Sin olvidar los Proyectos Clima del Fondo de Carbono para una Economía Sostenible del Ministerio para la Transición Ecológica, que aprueba numerosas iniciativas vinculadas a la biomasa, el biogás y la eficiencia energética en el medio rural.

Como ya he dicho en muchas ocasiones, también con el ahorro y la eficiencia se crean empleo y oportunidades, en este caso de desarrollo rural. Acabo de echar una ojeada a los grupos operativos que, de la mano de la innovación y diversos agentes del territorio, intentan mejorar diferentes procesos relacionados con el medio rural y que están incluidos y se financian a través de los PDR. Es una manera de hacer más viables y menos duros, y con más oportunidades, la vida y el trabajo en estos territorios, por ejemplo para que no dependan en exceso, como ahora, de un gasóleo sucio, caro y foráneo.
Os pongo algunos ejemplos de estos grupos operativos: reducción del consumo energético en redes de riego a presión para viñedo; reducción del coste de riego mediante eficiencia energética y reducción del consumo de agua garantizando la competitividad de la remolacha azucarera en España: uso eficiente de recursos para la mejora de explotaciones de cereal de regadío; aumento de la producción lechera con sistemas de iluminación eficientes energéticamente; y desarrollo de acciones de control, eficiencia energética y reducción de la huella de carbono en el medio rural.

Quería contaros que el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) tiene hasta veinte publicaciones vinculadas con el ahorro y la eficiencia energética en la agricultura y la ganadería. Echadles un vistazo porque seguro que salen ideas para rentabilizar vuestras explotaciones, el trabajo que hacéis en ellas o, quién sabe, para instalaros en el medio rural.

Termino con las conclusiones de un estudio reciente del Tribunal de Cuentas Europeo titulado Energía renovable para un desarrollo rural sostenible: posibles sinergias significativas, pero en su mayoría no materializadas en la práctica, sobre todo porque ofrece muchas pistas sobre cómo hacer las cosas bien para que la “España vaciada” cuente con energías renovables sostenibles y socialmente justas. Habla de buenas y malas prácticas en este sentido, del potencial no desarrollado de las renovables en el medio rural, en especial calor con biomasa, la energía hidroeléctrica a pequeña escala y la eólica, pero sobre todo lanza dos mensajes: que los Estados miembros prioricen proyectos que no solo supongan un beneficio económico para los promotores, sino que también tengan el potencial de contribuir a la sostenibilidad rural del territorio; y que el medio rural esté más presente con medidas y programas en las políticas energéticas.