Os confieso que yo antes fumaba, y reconozco que me costó mucho dejarlo. Mucha gente de mi entorno lo hacía, era algo normal e incluso parecías más “cool”. Además no era consciente de los problemas para la salud no solo para mí, sino para el resto de la gente que lo sufría a mi alrededor. 

Algo parecido pasa con el coche privado. Es el rey de la ciudad, como recuerda por ejemplo el director general del IDAE, Joan Herrera: “el 70% de la superficie urbana lo monopoliza este medio de transporte”, a pesar de ser el menos eficiente por consumo energético y por espacio; a pesar del gasto que nos provoca, ¡es un pozo sin fondo!; a pesar de su impacto social, ya que genera exclusión social y territorial; y a pesar de su impacto ambiental sobre nuestra salud por los diversos tipos de contaminación que genera, sin olvidarnos del estrés o la irritabilidad que nos provoca. 

A los que pensáis que exagero os comento unos datos:

  • Nos daña la salud: el coche privado es el principal causante de la contaminación atmosférica en las ciudades, la cual es responsable de más de 9 millones de muertes prematuras al año a nivel mundial, unas 9.600 muertes en España, según un reciente estudio publicado en la revista científica The Lancet.
  • Nos hace vivir atascados: En 2009, el coste de los atascos en las vías de acceso a Madrid superó los 800 millones de euros anuales, y un estudio europeo estima que la congestión de tráfico en el continente cuesta entre 170.000 y 280.000 millones de euros al año, lo que equivale a entre el 1,3% y el 2,0% del PIB comunitario.
  • Contribuye al cambio climático: En 2017 el transporte fue responsable de la emisión de 88,4 toneladas de dióxido de carbono (CO2) equivalentes en España, casi un 50% más que en 1990.
  • Nos llena de ruido nuestro entorno: El tráfico es el responsable de más del 90% de las afecciones causadas por la contaminación acústica, la cual, según la Comisión Europea (CE), provoca al menos 10.000 casos de muertes prematuras anuales en la Unión Europea (UE).
  • Es un sumidero de energía no renovable: El transporte es el primer consumidor de energía final en España. En 2016, el sector demandó el 42% del consumo total nacional.

En las ciudades lo utilizamos principalmente para ir a trabajar: El 61% de los algo más de 40 millones de desplazamientos se realizan en coche en un día laboral en España, para lo que tardamos una media de 52 minutos. 

Por ello, la manera más efectiva de reducir el uso del vehículo privado, y con ello todos sus impactos económicos, sociales y ambientales, es incidir en las medidas que logran una movilidad sostenible en el trabajo. Los primeros que podrían asumirlas son los que generan una movilidad grande: empresas, parques empresariales, polígonos industriales, universidades, hospitales, etcétera; con medidas como la organización de los horarios de entrada y salida, la oferta de transporte publico común o la posibilidad de automóvil compartido. 

Asimismo, serían imprescindibles las medidas de mejora en la oferta de transporte colectivo y de infraestructura peatonal o ciclista que fomenten los modos de acceso más sostenibles.

 Con este tipo de medidas, que harían viable la movilidad sostenible, y siendo conscientes de las ventajas que conseguiríamos, sería entonces factible dejar nuestra adicción al coche privado. Es como dejar de fumar. Al principio cuesta, pero cuando lo haces, te das cuenta de las ventajas.