Parte 2: el hidrógeno en la economía de España

 En nuestro post de la semana pasada os contábamos cómo el hidrógeno renovable puede ayudar a vertebrar las regiones de España y contribuir (y mucho) a la descarbonización de la economía.

Y es que el plan de la “Hoja de Ruta del Hidrógeno: una apuesta por el hidrógeno renovable” que ha aprobado recientemente el Gobierno apunta a crear centros de producción de este vector energético en torno a puntos de demanda local ya existentes.

¿Os imagináis una España unida pero no radial, y unida por una energía no contaminante?

Es cierto: los desafíos no son pocos, empezando con que el hidrógeno renovable tiene que ayudar a descarbonizar sectores de nuestra economía en los que la electrificación todavía es, por así decir, momentáneamente inviable o no es la mejor opción de futuro: la industria química, el transporte público o los servicios en nuestras ciudades.

Y también existen desafíos logísticos para el despliegue de la producción renovable de hidrógeno.

Lógistica del hidrógeno

 

Pero la “Hoja de Ruta” muestra el camino no solo para encajar territorialmente la pieza del hidrógeno en la matriz energética y productiva de España, sino también cómo hacerlo por sectores de la economía.

Os lo contamos a continuación con un par de ejemplos.

 

Hidrógeno renovable para descarbonizar industrias difíciles de electrificar

Lo escuchamos todo el tiempo: España tiene una economía de servicios.

Y es verdad.

Pero, según datos del Barómetro Industrial 2019 del Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial de España, la industria española representa un 15 % del PIB, y la facturación industrial de España ubica a nuestro país en el quinto puesto a nivel europeo.

En otras palabras: el sector industrial, y especialmente el manufacturero, es importante en nuestra economía.

Y requiere energía, nada menos que, según datos del IDAE, un 30 % del consumo energético total. Es decir: la industria es el mayor consumidor sectorial de energía.

En España se consumen alrededor de unas 500.000 toneladas de hidrógeno anualmente, principalmente del tipo “gris”, producido a partir de gas natural o hidrocarburos ligeros como metano o gases licuados de petróleo, mayormente en refinerías de Huelva, Cartagena, Puertollano y Tarragona.

Esta demanda y consumo ya existentes muestran el potencial del hidrógeno renovable, que ofrece muchas soluciones técnicas para procesos industriales de alta temperatura y de alta intensidad de emisiones.

Pensemos en las industrias que utilizan altos hornos, como la producción de acero, y en las industrias de materiales de construcción, como la cerámica.

Para que os hagáis una idea: la temperatura de cocción de las cerámicas es de entre 700 y 1.000 grados, y para fundir hierro (el componente fundamental de la aleación del acero) se necesitan temperaturas en torno a… ¡los 2.000 grados centígrados!

Imagináos el volumen de combustibles fósiles necesarios para alcanzar esas temperaturas…

El hidrógeno renovable ofrece soluciones para la demanda energética de estos sectores y estos procesos que requieren enormes cantidades de energía y/o hidrógeno como materia prima, y esto en línea con la estrategia de la Unión Europea en el Pacto Verde Europeo.

Para implementar esas soluciones, se necesitan inversiones y una fluida relación y colaboración público-privada, especialmente para evitar caídas en la competitividad industrial (recordemos que la Unión Europea es un mercado único y que nuestros productos y servicios compiten con los de cualquier otro país).

La “Hoja de ruta” es el punto de partida de la descarbonización de la industria en nuestro país, la apuesta de España por dar solución a los problemas de producción, demanda, logística, transporte y almacenamiento del hidrógeno verde.

 

Hidrógeno verde para movernos -y mover la economía

El Plan Nacional de Energía y Clima 2021-2030 plantea unos objetivos ambiciosos: que tres cuartas partes de la electricidad que consumimos en España sea generada a partir de fuentes renovables en el año 2030.

Junto con el sector industrial, la movilidad plantea el otro gran desafío.

Y es que la electrificación total del sector del transporte es, todavía, inviable, económica y técnicamente. O al menos no es la solución óptima en el medio o largo plazo.

Pero no os desaniméis. Porque la buena noticia es que el hidrógeno renovable (y los combustibles líquidos y gaseosos derivados) ayudarán a la descarbonización del transporte pesado de larga distancia, el marítimo y ferroviario, e incluso la aviación.

¿Cómo? ¿Todos los transportes sin combustibles fósiles, incluso los que no pueden electrificarse?

Sí. Habéis leído bien.

La “Hoja de ruta” es clarificadora en esto. Y es que la tecnología ya se encuentra disponible, en la forma de pilas de combustible de hidrógeno, que realizan un proceso inverso al de los electrolizadores del que os hablamos la semana pasada.

Las pilas utilizan el hidrógeno producido a partir de fuentes renovables para generar electricidad y mover los vehículos eléctricos. Además, suelen instalarse junto con baterías eléctricas que se autorrecargan durante el funcionamiento del vehículo, bien durante el proceso de frenada o bien a través de… ¡la propia pila!

Además, del hidrógeno gaseoso se pueden obtener otros combustibles, como el hidrógeno líquido, los combustibles líquidos sintéticos, o el amoníaco verde, que no solo pueden utilizarse en los coches, trenes, barcos, sino también en todas las maquinarias, vehículos y equipos asociados a la movilidad (y en los que tampoco es viable la electrificación).

Como veis, la utilización de pilas de combustible ofrece muchas ventajas y oportunidades.

 

¿Por qué el hidrógeno verde para España?

Es un hecho: el hidrógeno verde puede ayudar a resolver el puzzle de la combinación de menos emisiones de contaminantes y de gases de efecto invernadero, más competitividad de la economía por sectores y regiones, y alcanzar los objetivos de una economía climáticamente neutra en 2050.

En un momento en el que la crisis climática y la renovación de las economías del mundo son cada vez más urgentes, la economía del hidrógeno en España impulsará la cadena de valor asociada, en industrias y negocios muy variados.

Para que os hagáis una idea, el hidrógeno verde podría impulsar, entre otros, el crecimiento de:

  • Fabricantes o ensambladores de electrolizadores
  • Fabricantes de pilas de combustible.
  • Industrias de componentes electrónicos y mecánicos
  • Fabricantes de vehículos
  • Proveedores de depósitos a presión.
  • Plantas de producción de hidrógeno renovable, así como su gestión.
  • Soluciones de almacenamientos a gran escala.
  • Equipos para el transporte de hidrógeno
  • Proveedores de servicios de movilidad basados en hidrógeno renovable.

Cadena de valor del hidrógeno renovable

 

El hidrógeno verde, además, podría contribuir al potencial exportador de energía renovable de España, lo que significaría un cambio radical con respecto a la dependencia energética de nuestro país.

La “Hoja de ruta” ofrece un plan por territorios, como vimos la semana pasada, y por sectores, como vemos hoy, para el despliegue y producción de hidrógeno renovable, un vector energético con enorme potencial para contribuir a resolver el puzzle energético de España y de Europa, y llamado a jugar un papel central en la recuperación, transformación y resiliencia de nuestra economía en los próximos años.

Nos vemos el próximo jueves. Mientras tanto, os dejamos un resumen de la jornada sobre hidrógeno renovable organizada por el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico el pasado día 19 de noviembre: