CÓMO RECORRER 11.500 KILÓMETROS SIN “REPOSTAR”.

Siempre os hablo por aquí de acciones y compromisos, además de políticas y leyes, que tienen que ver con lo que las personas aportan para lograr una transición energética limpia y justa y, dentro de ella, de la eficiencia en el uso de la energía. Pues bien, me vais a permitir que esta vez os hable de lo que aportan y nos enseñan en este mismo campo otros seres vivos, las aves. Y viene además a cuento porque el 2 de febrero se celebra el Día Mundial de los Humedales, cuyo eslogan este año está vinculado al cambio climático y homenajea a unos ecosistemas esenciales para la vida de miles de especies de aves.

Para empezar, en estas frías noches de invierno, tener a mano una buena ropa de cama que abrigue bien es una forma más de evitar tener encendida la calefacción toda la noche. Parte de esa ropa son edredones rellenos de pluma y plumón (natural o artificial) porque nos dimos cuenta de que las aves, principalmente las acuáticas como ánades y gansos, protegen su piel con una capa gruesa de plumón que funciona como aislante e impide que pase el frío y la humedad. Las personas no tenemos que encender la calefacción y las aves no precisan de movimientos extras para entrar en calor o emprender la búsqueda de más calorías en los alimentos. Es decir, economizan su energía.

Si con lo anterior no llega, toca concentrarse con más congéneres para pasar la noche, que tiene que ver mucho con el calor humano. Por ejemplo, ¿es necesario mantener la calefacción entre 18 y 21 grados y tener que abrir el balcón o las ventanas porque en casa nos hemos juntado unas cuantas amistades y familiares para celebrar algo, o por cualquier otro motivo? Vale esto también para concentraciones mayores, con bailes, conciertos, bodas…. Pues eso, que, como ocurre con las agrupaciones de aves (lavanderas, gorriones, estorninos, cormoranes, milanos…), el calor humano colectivo hace innecesario cualquier calor artificial.

Las aves no quieren perder calor corporal, tan necesario para sobrevivir especialmente durante el invierno, y se agrupan por centenares (a veces por miles) en árboles y el centro de grandes humedales, como lagos y embalses, para pasar principalmente la noche. No os preocupéis por los ejemplares que quedan en los extremos de estas islas de calor con plumas; el calor que irradia el grupo se extiende y contagia a todos los individuos.

Pero donde realmente demuestran una eficiencia energética admirable es en vuelo; si no, sería imposible que algunas especies de gansos, charranes, albatros o limícolas recorrieran decenas de miles de kilómetros durante sus periplos migratorios con escasas escalas y con varios días seguidos sin parar en tierra o mar ni probar bocado. Antes de la partida, algunas especies, sobre todos las más pequeñas, se atiborran de alimentos (llegan a incrementar en un cincuenta por ciento su peso), para que no les falten calorías en el viaje.

Permitidme que os sorprenda con algunos ejemplos: el colibrí de garganta roja, que no pesa más de cinco gramos, tiene una autonomía de vuelo estimada en alrededor de 2.200 kilómetros; el albatros viajero (que tiene una envergadura alar que supera a dos personas de altura media una encima de la otra: tres metros y medio) es capaz de hacerse 5.500 kilómetros de una tacada; aunque el récord lo tiene la aguja colipinta, un ave limícola, que llegó a cubrir los 11.500 kilómetros de Alaska a Nueva Zelanda sin una sola escala. Y qué me decís del charrán ártico, que con escalas, sí, pero se recorre 70.000 kilómetros todos los años en su viaje de ida y vuelta de Groenlandia a la Antártida. Imposible cubrir estas distancias sin hacer un uso eficiente de la energía.

Muchas repostan continuamente “combustible” en el aire. El caso más emblemático es el de los vencejos, familia de cuyos machos, una vez que dejan el nido tras nacer, no se posan casi en ningún momento de su vida. Un estudio de investigadores del Instituto Ornitológico de Suiza y de la Universidad de Berna demostró que durante seis meses de su estancia en África no se posaron una sola vez, ni un solo segundo. Su anatomía, con cuerpo estrecho y aerodinámico y alas alargadas y afiladas, y su capacidad para estar continuamente comiendo insectos en el aire, le convierten en un eficaz dominador del vuelo.

A mí lo que más me fascina es ver sobre todo volar a los buitres, las águilas y las cigüeñas, que también emigran muchas; cómo se mantienen en el aire sin dar un solo aleteo durante largos períodos de tiempo. De nuevo, eficiencia energética de libro. Lo que hacen es buscar continuamente las corrientes térmicas de aire que las eleven sin necesidad de aletear, y una vez arriba se dejan caer hasta encontrar la próxima térmica. Estas mismas corrientes son las que les permiten echar una cabezadita de unos segundos, principalmente cuando afrontan los largos viajes migratorios.

Disfruto igualmente con esas perfectas formaciones en V, propias de muchas especies, como gaviotas, gansos o grullas. No os creáis que a quien va la primera, cortando el aire, le ha tocado la china y se mantiene siempre en esa posición. Qué va, como en los pelotones ciclistas, hay relevos, pero lo más grande ocurre en el resto del grupo, donde la posición de cada uno de los ejemplares y su aleteo es esencial para economizar la energía.

Es algo que dio a conocer no hace mucho otro estudio científico del Royal Veterinary College del Reino Unido, tras acompañar a un bando de ibis eremitas a bordo de un ultraligero. El aleteo de cada uno de los ejemplares que forman el bando en V está coordinado de tal manera que se aprovecha al máximo la aerodinámica de la formación. La cuestión es que todas se beneficien del aire que genera el bando, y para ello tienen que acompasar los aleteos, para que no interfieran los de una sobre los de las otras, si no todo lo contrario, les ayuda a impulsarse más y aletear lo justo y necesario. Esta estrategia les permite afrontar incluso zonas con corrientes de aire que les son poco propicias.

¿Qué os ha parecido? Creo que las aves, al igual que otros muchos seres vivos, nos siguen dando lecciones sobre cómo hacer la vida más fácil y mejor a las personas. De hecho, estad atentos porque volveré sobre este tema para exponeros numerosos ejemplos de cómo somos unos auténticos “copiotas” de la naturaleza, todo a través de lo que científicamente se llama biomímesis. Mientras tanto, que paséis un feliz Día Mundial de los Humedales.