Mi padre, que es investigador en una universidad, siempre me viene con la misma protesta: ¿por qué, si yo soy científico, tengo que rellenar mil papeles para una ayuda pública a un proyecto… sin ningún tipo de ayuda?

Pues bien, a este mismo problema se enfrentan también los arquitectos. 

O más bien, se enfrentaban. Porque, como decía el inolvidable personaje Rufus T. Firefly interpretado por Groucho Marx en Sopa de ganso, la ayuda está en camino.

 

¿De qué ayuda estamos hablando? 

Respuesta: para que los arquitectos puedan presentar con éxito sus proyectos y expedientes en el Programa de Rehabilitación Energética de Edificios, o PREE.

El PREE es un ambicioso programa del Ministerio para la Transición Energética y el Reto Demográfico gestionado por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, que depende del ministerio. 

 

Con 300 millones de euros de partida y otros 62 adicionales añadidos recientemente para aquellas comunidades autónomas que hayan agotado sus partidas presupuestarias, el PREE es un programa de ayudas directas para renovar y mejorar edificios con un objetivo principal: que nuestro parque de viviendas deje de ser un enorme monstruo devorador de energía y responsable del 30 %  de todo el consumo nacional… con las emisiones contaminantes que eso conlleva. 

 

¿En qué consiste esa ayuda? ¿Y por qué para los arquitectos? 

El IDAE y el Consejo Superior de Arquitectos de España han presentado una guía práctica para ayudar a la tramitación de las ayudas del PREE. 

Las dos instituciones se han aliado para sumar la experiencia de años y años y miles de miles de expedientes para tratar de conseguir el máximo número de proyectos aprobados…  evitando a los arquitectos, al mismo tiempo, otros tantos dolores de cabeza. 

La Guía se apoya en varios objetivos y enfoques.

Para empezar, se pretende concienciar a los arquitectos en su labor como diseñadores de nuevos espacios y edificios, de lo bueno y necesario que es apostar por la eficiencia energética. 

Además, les pone las cosas fáciles para que pasen de las musas al teatro, es decir, para que puedan plasmar sus ideas en proyectos que sean capaces de salvar todas las dificultades técnicas y las que puedan resultar burocráticas.

El documento tiene tres partes. 

En la primera, se incluyen criterios y recomendaciones para actuaciones de rehabilitación energética, como, por ejemplo, objetivos cuantificables de eficiencia energética, intervención de envolvente térmica de los edificios, particularidades sobre cómo rehabilitar un edificio que ya está construido, etc.

En la segunda parte, se exponen los pasos a seguir para gestionar la tramitación de las ayudas del PREE, desde cómo es la convocatoria a qué órgano dirigirse con los papeles, desde los documentos que hay que aportar a los criterios de selección y cómo se resuelven los procedimientos…

Y, en un tercer bloque, ejemplos prácticos muy, muy útiles, que muestran a los técnicos el alcance de la intervención y los beneficios obtenidos por la rehabilitación. 

 

Novedades y beneficios

Porque precisamente de eso, de beneficios, es lo quiero pasar a hablaros ahora. 

Ya hemos visto que el PREE contribuye a mejorar los aislamientos de los edificios o, también, sustituir antiguas calderas por opciones renovables como la termosolar o la geotérmica. 

Pero los beneficios y ambiciones van mucho más allá. 

Los objetivos que se esperan alcanzar por el programa PREE si se ejecuta al máximo son los siguientes: 

  • Rehabilitar 44.000 viviendas y 4 millones de m2 de edificios de otros usos.
  • Movilizar una inversión de 640 millones de euros..
  • Generar unos 11.500 puestos de trabajo directos.
  • Ahorrar 31 ktep/año en energía final.
  • Evitar 140.000 tCO2/año de emisiones a la atmósfera por consumo de energía.

Además, según el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, esta “ola de rehabilitación” generará unos 48.000 empleos netos entre 2021 y 2030. 

Y no sólo hablamos de empleos, cifras, millones… También hablamos de justicia social.

Porque las personas en situación más vulnerable en nuestra sociedad suelen habitar viviendas en peores condiciones de aislamiento. Por eso, este plan les ayudará especialmente, ya que, además, contiene líneas específicas que primarán las intervenciones en esas viviendas.  

Y si decimos justicia social, también decimos medioambiental. Tenemos un objetivo común como país, y una meta global, establecida en los Acuerdos de París, de salvar nuestro planeta y de descarbonizar nuestra economía de aquí a 2050. 

El PREE y su guía no salvarán por sí solos el planeta, eso está claro.

Pero sí ayudarán, y mucho, en un camino que ya no tiene vuelta atrás

¡Hasta la semana que viene!