¿Alguna vez os habéis parado a pensar en cómo ha cambiado todo en tan poco tiempo? Y no hablo solo a niveles de desarrollo tecnológico o la mejora de la calidad de vida, sino también a otros muchos aspectos como la energía.

Y es que conforme hemos ido evolucionando y las grandes ciudades han ido creciendo, se ha creado una creciente demanda de energía y, además, hasta el momento, fósil. Productiva, sí, pero muy perjudicial también, llevándonos a la situación en la que nos encontramos hoy: un ambiente de insostenibilidad energética y un planeta con un alto nivel de contaminación.

Tal y como dijo en su día Tanya Steele, directora ejecutiva de WWF en Reino Unido: “Somos la primera generación en saber que estamos destruyendo nuestro planeta y la última que puede hacer algo al respecto”.

Touché.

Consumo energético insostenible

La energía es necesaria para nuestro desarrollo económico y social, hasta ahí estamos todos de acuerdo. El problema es que el uso que hacemos de esta energía, en muchos casos, no es el correcto, y esto conlleva a una situación alarmante frente a la que es necesario actuar.

En la COP25 que se está desarrollando estos días en Madrid, se buscará acordar una serie de medidas para frenar esta situación, cada vez más insostenible. De hecho, hoy sábado 7 de diciembre, la COP25 está enfocada en la búsqueda de alternativas de energía contra el cambio climático.

No debemos olvidar que la energía es un recurso valioso que debemos cuidar y respetar entre todos, algo que hoy en día no estamos haciendo (o al menos no estamos haciendo como deberíamos):

  • Agotamiento de recursos. De sobra es sabido que las energías fósiles no son inagotables. Todo lo contrario. Y nosotros, lejos de actuar con responsabilidad, estamos usando estas energías en exceso. Tanto es así que, al ritmo actual, terminarán por agotarse más a medio plazo que a largo plazo.
  • Impacto en el medio ambiente. El uso de energías fósiles deriva en fuertes cambios sobre el medio ambiente, como la explotación de yacimientos, la contaminación de aguas y suelos o la emisión de CO2 a la atmósfera.
  • La dependencia energética que tenemos hoy en día genera mucha inseguridad, ya que da lugar a un gran riesgo ya no solo a nivel ecológico, sino también a nivel económico y social.

Energías renovables como alternativa sostenible

Ante este paradigma, las energías renovables se presentan como la gran aliada contra el cambio climático, más todavía si tenemos en cuenta que dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero proceden del sector enérgico.

Además de ser una alternativa estupenda para la descarbonización, no hay que olvidar que son una fuente inagotable -y sobre todo limpia- de energía. Pero es que además ofrecen otras muchas ventajas:

  • Adiós a la dependencia energética. Tal y como os he comentado, en España tenemos mucha dependencia de suministros externos. En este sentido, las renovables ayudan a que disminuya dicha dependencia.
  • Limpias e inagotables. Al depender de fuentes inagotables como el sol o la fuerza del mar, se vuelven una alternativa perfecta a otro tipo de fuentes fósiles como el petróleo o el gas, cuyos recursos ya se ha demostrado que se están agotando. Por si fuera poco, disminuyen en gran medida los niveles de contaminación al no emitir gases de efecto invernadero.
  • Bajo coste. En general se tiende a pensar que utilizar fuentes de energía renovables es algo caro y no al alcance de todos, pero lo cierto es que se está produciendo una reducción considerable en sus costes, convirtiéndolas en la opción más recomendada, tanto para nosotros, como para el planeta.
  • Generación de empleo. Ya lo he comentado en más de una ocasión, pero insisto: las renovables ofrecen importantes oportunidades de desarrollo económico y generación de empleo. Mismamente el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) apoya la investigación, la innovación y la competitividad en aquellas tecnologías que tienen un mayor potencial de beneficio socioeconómico en España.

Renovables sí, eficiencia energética también

No debemos olvidarnos tampoco de nuestra huella ecológica. Todo lo que hacemos, de alguna manera, tiene un impacto sobre el planeta, y por ello también es importante que como ciudadanos tratemos de cambiar nuestros hábitos y reducir nuestro consumo, para convertirnos así en usuarios eficientes de energía.

El “problema” es que sigue siendo una elección, pero por suerte la sensibilidad frente a la emergencia climática está calando cada vez más y eso es un gran paso adelante.

En uno de mis posts os hablé en detalle sobre las consecuencias de nuestras acciones y os di algunas ideas para reducir la huella ecológica que dejamos sobre el planeta. Si no lo habéis leído, os recomiendo echarle un vistazo aquí.

Hoja de ruta hasta 2030

Ante esta perspectiva, el PNIEC, en cuya elaboración ha participado activamente el IDAE y que tiene por objetivo cumplir con el ahorro energético, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y favorecer el desarrollo de las energías renovables, se consolida como la hoja de ruta a seguir hasta 2030.

Se trata de un plan con objetivos muy ambiciosos que van incluso más allá de los marcados por Europa, pero factibles y, sobre todo, esenciales. Tanto es así, que la propia Comisión Europea ha hecho una valoración muy positiva del plan por su ambición, y el Think Tank European Climate Foundation lo calificó como uno de los mejores planes presentados por los distintos países miembros.

Como conclusión final, me gustaría recalcar que energía y clima forman un binomio indisoluble sobre el que hay que plantear soluciones, y ahí es donde las energías renovables y la eficiencia energética adquieren la importancia que merecen.