Como sabéis, el 31 de marzo del año pasado, el Consejo de Ministros acordó enviar a la Comisión Europea el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021- 2030, el ya famoso PNIEC.

La Comisión ha reconocido la ambición de este Plan, que fija un objetivo del 42% de energías renovables en 2030, cuando el porcentaje que nos “tocaría” (por tamaño, por PIB, por potencial) según la normativa europea estaría en torno al 32%… Tras distintos trámites administrativos internos, que no han afectado a su contenido, el pasado martes 16 el Consejo de Ministros ha refrendado el documento.

Estas ya son, de por sí, buenas noticias. Pero vamos a remontarnos un poco más atrás para entender bien de dónde venimos.

Los Acuerdos de París marcaron en 2016 las acciones de mínimo que son necesarias para evitar una catástrofe climática.

Sí. Hay un antes y un después de ese gran acuerdo, sin precedentes. A partir de ahí los países se pusieron (o no, en algún caso) a hacer sus deberes en forma de planes de acción. En el caso de la Unión Europea, se crearon los Planes Nacionales Integrados, que cada país miembro tenía que remitir a la Comisión.

¿Y en qué consisten esos planes? Básicamente, son documentos que cada Estado miembro entrega a la Unión Europea para así planificar cómo cumplir los objetivos en materia de cambio climático y energía.

En líneas generales, se definen objetivos nacionales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, se impulsan las energías renovables y se introducen medidas de eficiencia energética.

En el caso de España, nuestro programa se llama Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030, y es una auténtica hoja de ruta para avanzar en la descarbonización de nuestra economía en los próximos diez años.

Hoy quiero contaros un poco más de este instrumento que nos va a guiar en los próximos años.

Porque como ya se ha dicho mil veces, no tenemos un planeta B.

Y necesitamos planes y objetivos rigurosos para asegurarnos de que nuestros sistemas energéticos dejen atrás la era de los combustibles fósiles y entren en la de la energía eléctrica y renovable.

 

El PNIEC, o cómo organizar el futuro renovable

Para irnos quitando de encima el petróleo o el carbón, el PNIEC contempla medidas de impulso de las energías renovables, la electrificación de sectores como la calefacción y la refrigeración, y también afronta el enorme reto del transporte.

¿Os imagináis que en 2030 ya hubiera en nuestras carreteras 5 millones de vehículos eléctricos circulando? Lejos de ser una quimera, es uno de los objetivos establecidos.

Pero claro… avanzar en estos campos no es un mero acto de voluntad.

Si queremos hacer crecer las renovables para así hacer retroceder las emisiones contaminantes, hay que establecer pasos, hay que remover barreras. Muchas de ellas son puramente regulatorias.

Y, en otros casos, son apuestas, poner empeño en herramientas que estaban infrautilizadas, pero que solo ahora comienzan a ubicarse en las primeras posiciones de nuestras prioridades.

Os pongo dos ejemplos que además os he ido explicando en las últimas semanas. El primero, los nuevos sistemas de almacenamiento, una auténtica revolución que dejará en el olvido el paradigma de que la energía o la usas en el momento o la pierdes.

Y el segundo, las comunidades energéticas locales, otro cambio fundamental que va a permitir que los ciudadanos pasen de ser consumidores a productores, de agentes pasivos a auténticos protagonistas.

 

El PNIEC en cifras e impactos

Todos esto supondrá además un auténtico cambio de modelo productivo en nuestro país. Las energías renovables, la electrificación y la digitalización, son oportunidades de oro que se le presentan a nuestra economía.

Por ello, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, con el que haremos frente a las consecuencias sociales y económicas de la pandemia del COVID19, tiene en el PNIEC a una pieza clave, y servirá para adelantar en el tiempo la consecución de los objetivos que recoge este. En cierto sentido, son planes complementarios.

Y si tan ambiciosos son los planes… ¿se puede medir su impacto? ¿Se puede cuantificar?

La respuesta es sí: el conjunto de acciones del PNIEC generará un aumento del PIB de entre 16.500 y 25.700 millones de euros al año (un 1,8% del PIB en 2030), y un aumento del empleo de entre 253.000 y 348.000 personas (un 1,7% de crecimiento del empleo en 2030).

Power plant using renewable solar energy

Respecto a la balanza comercial, las actuaciones contempladas en el PNIEC proporcionarán un ahorro acumulado en importaciones de combustibles fósiles entre 2021 y 2030 de 67.381 millones de euros, reduciendo nuestra dependencia energética exterior al 61 % (vs el 73% actual). Además, las mejoras en la calidad del aire y la reducción de la contaminación atmosférica vinculadas al tipo de medidas recogidas en el PNIEC permitirán una disminución de alrededor de 2.400 muertes prematuras.

Con estas cifras queda claro que merece la pena el esfuerzo.

En definitiva, estamos ante un reto, pero también ante una oportunidad que no podemos dejar escapar porque España tiene todos los elementos necesarios para estar en la primera línea de las energías renovables en la próxima década. Y en la vanguardia de la lucha contra el cambio climático.

El PNIEC es una pieza clave para organizar y hacer posible este futuro en el que, si hacemos las cosas bien, seremos capaces de modernizar nuestra economía, crear empleo, desarrollar el medio rural, mejorar la salud de las personas… y todo ello haciéndolo con justicia, sin dejar a nadie atrás.

¡Hasta la semana que viene!