Los electrodomésticos y las etiquetas de eficiencia energética tienen una cosa muy importante en común: nos hacen la vida más fácil.

Y eso es algo que a vosotros, lectores de cada semana de nuestro blog, os interesa mucho.

Sin embargo, a medida que ha ido pasando el tiempo, han surgido nuevas necesidades -y, en algunos casos, nuevas complejidades.

¿No os ha pasado en la tienda de electrodomésticos, ver cómo se sumaban +++ a la certificación A, la más eficiente, para indicar las mejoras?

Todavía no os suena, pero hoy os vamos a presentar un pequeño gran cambio, que nace a partir del proyecto europeo Label 2020.

¿Para qué sirven las etiquetas energéticas?

La legislación europea lleva 25 años regulando unos estándares que sirven para orientarnos, tanto a los consumidores como a los profesionales, sobre qué aparatos consumen más y cuáles menos, o mejor dicho, cuáles son más eficientes.

Y eso es de agradecer.

Pero el etiquetado actual se ha ido convirtiendo en una paradoja. Y es que fue diseñado para que ahorremos tiempo y energía (eléctrica), pero, con los años, cada vez estábamos gastando más tiempo y energía (mental, digamos) para entenderlo.

Además, la etiqueta que conocemos ha ido quedando desfasada. La constante evolución, por fortuna a mejor, y la aplicación de nuevas tecnologías a las máquinas industriales y a los electrodomésticos eran un desafío para una etiqueta más estática que su entorno, siempre moviéndose a gran velocidad.

Por eso, ha llegado el momento de que el etiquetado energético se renueve, y con un fin de lo más coherente: que, a partir del 1 de marzo, ahorremos tiempo y energía comprendiendo, de un solo vistazo, cuánto consume ese nuevo horno que nos queremos comprar, cuánto ruido hace el lavavajillas, o características técnicas como el gasto de agua de una lavadora.

¿Cuáles son los cambios?

La nueva etiqueta energética

Los avances en innovación y tecnología aplicados a los electrodomésticos y la falta de “espacio” en la escala llevaron a la multiplicación de subcategorías, con el consiguiente lío y falta de transparencia para el consumidor.

De ahí que la escala se haya simplificado y limpiado, con novedades son de diseño y también de contenido:

  • Las subcategorías A y su hilera de +++ desaparecen, y se simplifica con peldaños desde la A a la G (antes solo llegaba hasta la D), según la eficiencia del aparato.
  • Todo lo que antes era A pasa a ser B, o C, para así “dejar hueco” a las nuevas generaciones de aparatos que aparecerán en el futuro y que tendrán un mejor rendimiento.
  • Las etiquetas incluirán un código QR en su parte superior derecha. Al escanearlo, nos saldrá toda la información del producto, ya que el código está enlazado a una base de datos de etiquetas de la Unión Europea llamada EPREL. En ella estará registrado cada aparato con sus correspondientes especificaciones.

  • La claridad y la transparencia son claves en este nuevo diseño. Por ello, el consumo del producto aparece más grande y prominente y los pictogramas se han renovado parcialmente, al tiempo que se han creado algunos nuevos.

En total se han creado 7 nuevas etiquetas:

  1. Refrigeradores y congeladores domésticos
  2. Refrigeradores para el almacenaje de vino
  3. Lavadoras
  4. Lavadoras-secadoras
  5. Lavavajillas
  6. Televisores y pantallas electrónicas
  7. Fuentes de luz

En este enlace puedes ver cada una de las etiquetas y qué tienen de nuevo cada una de ellas

Para otros grupos de productos como aires acondicionados (ya os acordaréis de ellos cuando llegue el verano), secadoras, estufas (que tanto estamos usando estos días), o calderas, las nuevas etiquetas serán reemplazadas cuando entren en vigor los reglamentos nuevos o revisados de la Unión Europea.

Como todos los cambios, este llevará su tiempo. Todavía encontraremos un doble etiquetado en productos de tiendas físicas y online, pero a partir del 1 de marzo los distribuidores tendrán 14 días laborales para reemplazar las etiquetas energéticas existentes con la nueva.

¿Beneficios?

Siempre está bien que nuestra organización de la realidad se adapte… a la realidad.

Nuevas realidades requieren de nuevas descripciones. Y si hay algo que está cambiando es el panorama energético en nuestro país, en Europa y en el mundo.

Seguir las indicaciones de estas etiquetas a la hora de sustituir nuestros viejos aparatos puede tener un impacto nada despreciable para el bolsillo. Así, según la Asociación Nacional de Fabricantes e importadores de Electrodomésticos al comprar un nuevo combi podríamos conseguir un ahorro máximo anual de 176 euros; si se trata de una lavadora, 60 euros, o de 53 si lo que pensamos es renovar nuestro horno.

Nada mal, ¿verdad?