Supongo que ya lo habréis visto en las noticias, pero la Conferencia de las Partes de la Convención Marco del Cambio Climático ya ha comenzado, y no puedo estar más contenta de ver tanta repercusión mediática. Es muy importante que algo tan trascendental como el futuro del planeta reciba la importancia que se merece.

Esta edición, la número 25, será clave para tratar de poner en marcha el Acuerdo de París pactado en la COP21, un acuerdo para combatir el cambio climático donde políticos y países adquieren un protagonismo indiscutible, pero también los ciudadanos. Sí sí, exacto, también vosotros que estáis leyendo estas líneas.

Es hora de que todos nosotros actuemos, porque tenemos el poder de contribuir al cambio y al cuidado del planeta. Por si hubiera alguna escéptico en la sala, os animo a reflexionar juntos sobre cuál es nuestra huella de carbono y cómo podemos aminorarla.

Todos dejamos huella… De Carbono

El término huella de carbono hace referencia a la cantidad de gases de efecto invernadero que produce el ser humano. Es importante tener conciencia de ella y conocer el impacto medioambiental de nuestras acciones. A más emisiones de CO2, mayor cambio climático.

Por su parte, el concepto de huella ecológica mide la superficie necesaria para producir los recursos consumidos por un ciudadano y para absorber los residuos que genera, de forma que si se consume más de la cantidad disponible, se generará un “déficit ecológico”, haciendo que la huella crezca.

En este sentido, los conceptos de huella ecológica y huella de carbono resultan muy útiles para incitarnos a actuar donde más impacto se genera, ya que si nos ponemos a pensar, hoy en día la media de la huella ecológica en España nos dice que entre todos nos estamos “comiendo” tres Españas y media. Si nos vamos a cálculos globales, la media de la huella ecológica total nos indica que nos estamos “comiendo” entre todos un planeta y medio.

Las consecuencias de nuestras acciones

Y es que todo, absolutamente todo lo que hacemos como ciudadanos deja cierta huella de carbono sobre el planeta (unas actividades más que otras). Por suerte para todos, y muy especialmente para las generaciones futuras, estamos empezando a entender que no podemos consumir recursos naturales como si no hubiera mañana.

A continuación os doy no uno, sino hasta siete ejemplos de cuánto CO2 podemos llegar a emitir en diferentes acciones de nuestro día a día, según los datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) y la Comisión Europea (CE):

  1. Conducir un coche privado. La conducción de vehículos privados provoca un total de 72 000 gramos en un viaje Madrid-Barcelona (624 km).
  2. Aire acondicionado. Utilizar el aire acondicionado los días de verano puede llegar a generar entre 520 y 3 250 gramos por hora.
  3. Lavar la ropa. Utilizar la lavadora también provoca huella de carbono. Entre 325 y 1 950 gramos por hora.
  4. Calentar el microondas. Lo mismo ocurre con el microondas: entre 455 y 1 365 gramos por hora.
  5. Utilizar el ordenador. Utilizar dispositivos electrónicos como el ordenador genera entre 52 y 234 gramos por hora.
  6. Ver la televisión. 52 y 195 gramos por hora.
  7. Bombillas. Encender la luz, con el consiguiente uso prolongado de las bombillas, puede llegar a generar 39 gramos por hora si utilizamos las de 60W (con las bombillas de bajo consumo equivalente se emitirían 7 gramos por hora).

Increíble, ¿verdad? Pues tan real como la vida misma.

Claves para reducir la huella de carbono

Dado que nuestras acciones en el día a día tienen un efecto directo sobre el planeta, de nosotros depende que reduzcamos las emisiones de CO2 para que la huella sea menor. El planeta está llegando a su límite, y el tiempo corre en contra. Por ello, aquí van una serie de consejos que, si bien no revertirán la situación, si ayudarán a que no empeore:

  • Sí a las renovables. Apostar por una energía limpia y renovable permitirá reducir emisiones de forma considerable. Una muy buena opción es optar por instalar en casa un sistema de autoconsumo solar. En el IDAE cuentan con una guía muy útil a este respecto.
  • Vivienda neutra de carbono. Además de apostar por energías renovables, contar con ventanas de doble acristalamiento, utilizar bombillas de bajo consumo o invertir en electrodomésticos de alta eficiencia energética también ayudará a reducir las emisiones de CO2.
  • Consumo responsable. ¿Sabíais que los alimentos son responsables de al menos un 20 % de los gases de efecto invernadero? Por ello, tratar de reducir en la medida de lo posible el consumo de aquellos alimentos que necesitan más energía o de aquellos que requieran un envasado complejo (cuantos menos plásticos, mejor), se vuelve imprescindible. También es importante apostar por los productos de kilómetro cero, es decir, aquellos que son elaborados y comercializados en nuestras proximidades. En este sentido, me gustaría aclarar que un alimento no es precisamente ecológico si viene de lejos y está empaquetado en plástico, por mucho que lleve una etiqueta “eco”. Se debe mirar más allá de eso.
  • Movilidad sostenible. Y de la misma manera que es importante tratar de consumir de forma más consciente, también es importante llevar ese consumo consciente hacia formas de movilidad sostenible. Os propongo tratar de dejar un poco de lado el coche privado y probar a hacer uso del transporte público o de la bicicleta más a menudo. Y si no os resulta posible, al menos tratar de compartir vehículo para que la huella sea menor.
  • Reducir, reutilizar y reciclar. La regla de las “tres erres” (reducir, reutilizar y reciclar) se aplica muy bien en este caso. La clave no solo está en tratar de consumir de forma más responsable, sino también en intentar darle una segunda vida a los productos, evitando así los de “usar y tirar”. Sin olvidar, por supuesto, reciclar todo tipo de envases en sus contenedores correspondientes.
  • No derrochar agua. Muy relacionado con la regla de las tres erres está el hecho de aprender a no derrochar agua, ya que es un recurso natural imprescindible que debemos cuidar con cabeza. Una buena acción diaria sería la de no consumir agua embotellada y tratar de rellenar nuestra propia botella reutilizable.
  • Plantar árboles. Por último, pero no por ello menos importante, están los árboles, que retienen el CO2, por lo que se vuelve importante apoyar medidas que eviten la deforestación de los bosques e impulsar la plantación de nuevos árboles.

Tal y como habéis podido comprobar, el ser humano tiene un papel imprescindible en el cuidado del planeta. A partir de ahora, tratar de reducir las emisiones para compensar las que ya hemos emitido, debería ser parte de nuestra tarea diaria. ¿Os unís al cambio?

Y si lo necesitáis, podéis calcular vuestra propia huella de carbono en Carbonfootprint o CeroCO2.