Sé que con motivo de la celebración de la Cumbre Mundial del Clima COP25 estoy siendo muy pesada, pero me encanta que por fin hayamos abierto los ojos a un problema que nos afecta a todos a una escala cuyas consecuencias pueden ser devastadoras si no actuamos a tiempo: el cambio climático.

No cabe duda de que hay un efecto directo de la COP y de las muchas voces que allí se han congregado, especialmente la de Greta Thunberg, pero hoy como nunca hablamos, ciudadanos, políticos y medios de comunicación, de los retos a los que nos enfrentamos frente a la emergencia climática y de qué manera podemos a título personal actuar para evitar la catástrofe. No hay un planeta B. ¿Cuándo empezamos a preocuparnos? ¿Cuáles son los antecedentes?

Un punto de inflexión al comienzo del milenio

La crisis de 2009 marcó un punto de inflexión. Os recuerdo que la Unión Europea sufrió a comienzos del milenio una recesión económica, con un descenso del 4,4% del PIB, que originó una crisis sin precedentes dese la II Guerra Mundial. Los niveles de producción industrial descendieron considerablemente, en algunos países, a niveles a los que hacía 20 años no se llegaba, lo cual desencadenó también altas tasas de desempleo. En definitiva, esta crisis puso en evidencia algunos de los problemas estructurales de Europa: población envejecida, dependencia de los combustibles fósiles, incremento de la desigualdad y la pobreza, y un largo etcétera.

La situación requería soluciones, pero era imposible que dieran frutos a corto plazo. Para ello, la UE y los estados miembros pusieron en marcha una estrategia de crecimiento sostenible para la década: la Estrategia Europa 2020, aprobada el 17 de junio de 2010.

Estrategia Europa 2020: nuevo rumbo hacia el progreso

Este documento se firmó de manera unánime con el fin de conseguir un futuro más inteligente, sostenible e integrador, dependiendo, eso sí, de las capacidades de cada país. Se basa en cinco targets (o metas): empleo, investigación y desarrollo, cambio climático y energía, educación, y pobreza y exclusión social.

¿Cómo se consiguen estos propósitos?

Evidentemente, para cumplir con estos propósitos y con los de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (de los que os hablaré en otro post), no solo basta con tener buenas intenciones, sino que son necesarios fondos.

Para ello, la Unión Europea creó los Fondos Estructurales y de Inversión Europeos (EIE), que se dividen en cinco:

  • Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER),
  • Fondo Social Europeo (FSE),
  • Fondo de Cohesión (FC),
  • Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (Feader), y
  • Fondo Europeo Marítimo y de Pesca (FEMP).

Los fondos FEDER, una inversión importante

De todas estas ayudas, sin duda de las que más me interesa hablar hoy es de las ayudas FEDER,  ya que están destinadas a reducir problemas socioeconómicos y medioambientales, centrándose en el programa de Desarrollo Urbano Sostenible (DUS). Cuentan con un presupuesto de 987.153.542 por comunidad autónoma y objetivo específico.

El encargado de gestionar esta enorme partida presupuestaria es el IDAE, y lo hace a través de ayudas y préstamos de bajo interés. Por ejemplo, una de las mejores inversiones va destinada a la renovación del alumbrado.

El alumbrado: el primer paso hacia la smart city

Sin duda, en muchos países sin desarrollar, el hecho de dar a un interruptor y que se encienda la luz es un milagro. Pero, aunque sea uno de los avances más importantes para el ser humano, también es uno de los más contaminantes: la iluminación representa el 20% del consumo energético. En el alumbrado exterior se cuentan unos  8.849.839 puntos de luz  que, con una potencia media de 156 W, representa un consumo de electricidad de 5.296 GWh/año para el conjunto de España.

Como bien os he contado otras veces en este mismo blog, se preveía que las LED redujeran el consumo de energía un 15% en 2020 y un 40% en 2030. Y es cierto que este tipo de luces reducen de manera significativa el consumo de electricidad, un 60-70%. Pero cambiar unas bombillas por otras no lo es todo: para consumir lo necesario, es preciso tener una generación distribuida y redes inteligentes.

Para llevar a cabo una renovación en el alumbrado público, no es necesario comenzar de cero, ya que tenemos infraestructuras que podemos reutilizar: las farolas de entre 5 y 10 metros de altura, colocadas cada 20 o 50 pasos, son un buen punto de partida para aproximarnos a la smart city. Por ejemplo, en Cáceres se implantaron luces LED y, además de ahorrar muchísimo dinero, se produjeron menos emisiones de dióxido de carbono; en Aguas Vivas, Guadalajara, se instalaron luminarias LED de última generación y muy eficientes energéticamente, que contaban con un sistema de control que permitían su correcta regulación en función de la iluminación exterior y las diferentes luminosidades del interior del túnel. Unos progresos impresionantes, ¿verdad?

Pues la cosa no se queda ahí, ya que el FNEE cuenta con 48,7 millones de euros para renovar el alumbrado exterior con el objetivo de reducir el consumo de energía y las emisiones de CO2. En la primera convocatoria se aprobaron 65 solicitudes de ayuntamientos (valoradas en 64,7 millones) para 2.390.000 habitantes, lo cual supuso un ahorro de 8,3 millones de euros para los ayuntamientos y de 56.200 MWh de electricidad para el país.

Tras aprobarse 65 solicitudes en la primera convocatoria de 2015 con valor de 64,7 millones de euros, actualmente son 111 los ayuntamientos que han reformado 274.900 puntos de luz, llegando a ahorrar 109 GWh de electricidad anual (el 70% de su consumo en alumbrado exterior.

Se calcula que estos préstamos queden amortizados en el plazo de seis años, lo que demuestra que el ahorro energético y el paso a una iluminación más sostenible es posible.

Si queréis saber más sobre proyectos de renovación de alumbrado exterior que sean referentes a nivel nacional, podéis echar un vistazo a las instalaciones realizadas en el municipio del Valle de Egüés-Eguesibar,  en Navarra.

Se han tardado millones de años en que los restos de materia orgánica se transformaran en fósiles y ahora están a punto de agotarse. No podemos quedarnos quietos. ¿Os unís conmigo a la lucha por la eficiencia energética?