¿Sabíais que desde el 31 de diciembre de 2018 todos los edificios públicos que se construyen, por ejemplo colegios y hospitales, deben ser de consumo de energía casi nulo? ¿Y que, como muy tarde a partir del 31 de diciembre de 2020 absolutamente todos los nuevos que se construyan, desde viviendas a oficinas, pasando por hoteles y centros escolares, deportivos, de ocio o comerciales, también tendrán que ser edificios de consumo de energía casi nulo? No te preocupes, hay muchas personas como tú que tampoco lo saben; incluso ni tan siquiera conocen qué es eso del “edificio de consumo de energía casi nulo”.

Vayamos al principio de los tiempos, al 18 de junio de 2010. Aunque lo de la arquitectura bioclimática y lo de construir edificios que consuman poca energía gracias a su adaptación al clima de cada lugar viene de mucho más atrás, hasta esa fecha no se publica en el Diario Oficial de la Unión Europea la nueva directiva relativa a la eficiencia energética de los edificios. Es aquí donde aparece por primera vez el término que nos ocupa.

Y la directiva nos dice que un edificio de consumo de energía casi nulo es aquel que cuenta con un nivel de eficiencia energética muy alto que le hace tener una demanda casi nula o muy baja de energía y que esta debe cubrirse en gran parte con fuentes renovables producidas dentro de la estructura del propio edificio o en el entorno. Como veis, aquí se concentran muchas de las cosas que os cuento semana a semana sobre autoconsumo, rehabilitación energética de edificios y ahorro y eficiencia.

También os he contado que llegar a esta meta en la edificación es vital para alcanzar los objetivos climáticos y de transición energética que nos hemos propuesto en España, en la Unión Europea (UE) y en todo el mundo. Según la directiva mencionada, el 40% de la energía final consumida en la UE procede de los edificios. En España ronda el 30%. Con lo cual, seguimos indagando un poco más sobre qué es y cómo llegar a tener un parque de edificios de consumo de energía casi nulo.

Los detalles sobre los requisitos que deben reunir este tipo de edificaciones están reguladas dentro del Código Técnico de la Edificación (CTE) como adaptación a la directiva de 2010. Porque, claro, no son los mismos para una vivienda que para un hospital; para una construcción cerca del mar, en una depresión fluvial o a mil metros de altitud; y por supuesto, no es lo mismo si se levanta en Jaén que en Asturias, o en Canarias que en Teruel. Contamos con algunas pautas que nos ayudan a entender cuestiones básicas.

Me he mirado un “documento básico sobre ahorro de energía” que es la base de esos requisitos que se incluyen en el CTE y en él se habla de limitación del consumo de energía, del control de la demanda, de las condiciones de las instalaciones térmicas y de iluminación, del aporte mínimo de energía renovable para la demanda de agua caliente sanitaria y de la generación de electricidad. Y todo sin olvidar el mantenimiento y mejora del confort y la salud de las personas.

Por ejemplo, en cuanto a la limitación del consumo de energía se señala que “los edificios dispondrán de una envolvente que limite adecuadamente la demanda energética necesaria para alcanzar el bienestar térmico en función del clima de la localidad, del uso del edificio y del régimen de verano y de invierno, así como por sus características de aislamiento e inercia, permeabilidad al aire y exposición a la radiación solar”. De esta manera, se reduce “el riesgo de aparición de humedades de condensación superficiales e intersticiales que puedan perjudicar sus características”. Además, el tratamiento adecuado de los puentes térmicos limita las pérdidas o ganancias de calor y evita incomodidades térmicas.

En definitiva, se quiere que reduzcamos la necesidad de encender la calefacción en invierno o el aire acondicionado en verano, que como sabéis es lo que mayor demanda de energía produce en hogares y otro tipo de edificios. ¿Cómo? Aprovechando al máximo los recursos naturales (radiación solar, luz natural, viento, calor natural…) y de construcción (inclinación, orientación, materiales, aislamientos…).

Si queréis indagar en la normativa que ya afecta a los edificios nuevos y antiguos a la hora de cumplir con requisitos de ahorro y eficiencia energética e instalación de renovables, no dejéis de entrar en la página del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), donde os ponen al día sobre el CTE, el Reglamento de Instalaciones Térmicas en Edificios y el certificado y calificación energética.

Mirad, una de las cosas que más me han llamado la atención documentándome sobre los edificios de consumo de energía casi nulo es que el calor que generan las personas y los electrodomésticos se puede aprovechar dentro de un sistema de ventilación, al precalentar el aire limpio entrante antes de expulsar el aire viciado. Lo he aprendido en un página web que ya os he recomendado varias veces, la de la Plataforma de Edificación Passivhaus (a este tipo de edificios también se les llama pasivos). Aquí también concluyen que, estableciendo esas medidas de aprovechamiento del aire caliente, la cantidad de energía necesaria para acondicionar los espacios en invierno es tan pequeña que se podría cubrir con una pequeña estufa sin necesidad de un sistema convencional de radiadores o suelo radiante.

De verdad, echad un vistazo a la página web de Passivhaus. Encontraréis hasta 95 ejemplos de edificios de todo tipo, de comunidades de viviendas a unifamiliares, de hoteles a apartamentos, de equipamientos multiusos a aularios de universidades, de oficinas a almacenes… y construidos o rehabilitados, en madera u hormigón y en casi todas las comunidades autónomas. Realmente, la última vez que entré solo faltaban por cubrir Murcia y las ciudades autónomas de Melilla y Ceuta.

Y también os recomiendo que entréis en la página del Congreso Edificios Energía Casi Nula, que en octubre de 2019 organiza su sexta edición. Pero recordad: lo esencial es que ya en 2021 cualquier edificio que se construya tendrá que ser de consumo de energía casi nulo, un gran avance dentro de la transición ecológica y energética por la que transitamos.