Dejar encendida las 24 horas la calefacción sale mucho más caro que tenerla solo cuando se necesita.

El otro día hablando con un familiar me comentó que tiene la calefacción todo el día y la noche encendida, porque así dice que mantiene una temperatura de confort y la caldera hace menos esfuerzo, y por tanto consume menos que si la enciende y la apaga cuando la necesita. Hablando con más personas y mirando en Internet he visto que es un tema típico de “cuñadismo“. Me imagino la cantidad de gente que estará siguiendo el mismo “consejo”, pensando que gasta menos, y me corre un sudor frío por la espalda…. Y es que NO, no se gasta menos, sino que se gasta MÁS.

Sí, he dicho más. ¿Y cómo lo sé? Porque como en cualquier tema, cuando se quiere saber algo a ciencia cierta, no hay que hacer caso a la conversación de barra de bar, o al cuñado que cree que lo sabe todo, sino a los expertos de verdad. En este caso, los técnicos del IDAE aconsejan ajustar el encendido de la calefacción al horario real de ocupación de las viviendas y apagarla toda la noche. Y es que cuando estamos en la cama, bien tapados, no hace falta la calefacción.

A no ser que vivamos en una casa con un pésimo aislamiento térmico y pierda mucho calor, lo normal es que la temperatura nocturna oscile entre los 15 °C y los 17 °C, suficiente para dormir confortablemente. Y aquí no puedo evitar recordaros la importancia de un buen aislamiento térmico para gastar menos energía y emitir menos dióxido de carbono (CO2), y de los programas de ayudas para la rehabilitación de edificios de los que os hablé recientemente. Mantener la temperatura, ya sea en invierno o en verano, nos hace ahorrar dinero y nos hace ser más sostenibles.

Pero sigamos. Si tenemos encendida la calefacción las 24 horas del día, la caldera tendrá que realizar un gasto constante de energía para mantener la temperatura, ya que nuestro hogar pierde calor en mayor o menor medida a través de las ventanas, las paredes, los techos… Al apagar la calefacción, la casa se enfría, cierto, pero las pérdidas de calor disminuyen, ya que la diferencia entre la temperatura del exterior y la del interior de nuestro hogar se reducen.

Cuando encendamos la calefacción, ya sea a primera hora de la mañana, o cuando llegamos a casa, también es cierto que nuestra calefacción tendrá que hacer un consumo intenso de energía para alcanzar la temperatura de confort. Pero comparado con el consumo teniendo el sistema encendido todo el día y la noche, el gasto es menor. Se estima que una calefacción encendida por la noche puede aumentar el gasto en la factura energética en al menos un 10%. En definitiva, sale a cuenta encender la calefacción solo cuando se la necesita, y no las 24 horas. Incluso si pasamos buena parte del tiempo en casa.

Me podréis decir que cuando os levantáis de la cama, o cuando llegáis del trabajo, queréis encontraros con una temperatura agradable. Bien, esto se puede conseguir con un termostato programable o cronotermostato. Estos aparatos son como un termostato convencional, solo que podemos programarlos cuando queremos que se encienda y se apague la calefacción por horas o incluso por días de la semana. Si por ejemplo nos levantamos a las 7 de la mañana y volvemos a casa a las 7 de la tarde, podemos programarlo para que la calefacción se encienda media hora antes y luego apagarla cuando ya no estemos en casa o vayamos a dormir. Los modelos más sofisticados incluso tienen conexión a internet y mediante una aplicación podemos controlarlo desde el ordenador o el móvil.

Otro tema muy propenso al “cuñadismo” es la temperatura de confort. En mi entorno vecinal oigo cosas alucinantes del tipo “pues yo pongo siempre el termostato a 21° y tan ricamente”. Aquí vuelvo a citar a los expertos del IDAE, que recuerdan que por cada °C en que se incrementa la temperatura de un edificio o vivienda, el consumo energético aumenta un 7%, al igual que el gasto en calefacción y las emisiones de CO2. Para no pasarnos más de lo necesario, podemos estar con ropa de abrigo en casa, ya sea un pijama calentito o un vestido cómodo, bajar las persianas por las noches para que no se fugue el calor y correr las cortinas para evitar el frío desde los cristales, lo que técnicamente se denomina pared fría. Con medidas tan sencillas como éstas podremos estar de manera confortable a una temperatura de entre 19°y 21°.

Después de lo que os he contado, ¿vais a seguir cayendo en el “cuñadismo” o hacer caso a los que de verdad saben?