¿Sabíais que hoy 31 de octubre se celebra el Día Mundial de las Ciudades? Según la ONU, este día se estableció con el objetivo de «promover el interés en la urbanización y fomentar la cooperación entre países para aprovechar las oportunidades y afrontar los desafíos que plantea el urbanismo».
Este año, bajo el lema «Cambiando el mundo: innovaciones y una vida mejor para las generaciones futuras», el Día Mundial de las Ciudades se centra en la innovación para el desarrollo de un modelo urbano sostenible que mejore la vida de las generaciones futuras.
Yo, que divago siempre mucho, me he puesto a pensar en todo lo que ha evolucionado la ciudad, y me sorprendo de tantísimo cambio, así que la pregunta me viene a la cabeza de forma inevitable: ¿Pueden evolucionar todavía más? ¿Qué nuevos cambios nos esperan en un futuro próximo?

Transformación energética para un futuro urbanita

La Organización de las Naciones Unidas prevé que para 2050 el 68 % de la población mundial viva en zonas urbanas, sumando 2.500 millones de personas más en todo el mundo.

Teniendo en cuenta que en las ciudades es donde convive la mayor parte de la población, y que esto da lugar a una mayor concentración de consumo y emisiones, si el número de habitantes en zonas urbanas crece tal y como se prevé, se hace imprescindible que el planteamiento urbanístico de las ciudades del futuro vaya muy ligado a la transformación energética, porque es en las ciudades donde se produce una mayor contaminación. Recordad que el IDAE afirma que «la transformación energética comienza en la ciudad».

En este sentido, y teniendo en cuenta que la mayoría de los hogares basa su consumo de energía en fuentes fósiles, el futuro urbanístico debería alejarse de esa dependencia y buscar un modelo eficiente y autosuficiente que utilice una energía limpia, segura y renovable.

Tampoco hay que olvidar aspectos como la construcción o la rehabilitación de edificios. Es muy importante que todo se haga de acuerdo a criterios de eficiencia energética, ya que juegan también un papel fundamental (la edificación en Europa representa actualmente un 40 % del consumo energético total). Rehabilitar térmicamente un edificio no es tan complicado ni tan caro como pueda parecer y tiene notables beneficios. El IDAE dispone de una guía para comunidades de vecinos que informa de los pasos a dar en este sentido.
Por otro lado, la movilidad sostenible, que apuesta por facilitar al usuario otras formas de transporte que no sean el vehículo privado, también se convertirá en un factor básico para las ciudades inteligentes del futuro. El IDAE dispone de una plataforma divulgativa sobre movilidad sostenible en la ciudad que os recomiendo visitar.

Hacia el modelo de ciudad compacta

Hoy en día, se habla mucho del modelo de ciudad compacta como la mejor apuesta de cara a un futuro próximo.
A grandes rasgos, se pueden definir dos tipos de ciudades: las compactas y las dispersas.

  • Las ciudades compactas son aquellas que tienen centros muy específicos donde se concentran la mayoría de los ciudadanos, dejando el resto de zonas con mucho menos movimiento y una densidad de población menor.
  • Por el contrario, las ciudades dispersas son aquellas que tienen muchos centros diferentes con bastante movimiento en todos ellos, y esos centros se rodean a su vez de zonas donde la población se mueve menos.

En Europa la mayoría de las ciudades responden al primer tipo, mientras que en otras zonas como en Estados Unidos abundan las ciudades dispersas. Un reciente estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha analizado la forma de movilidad de 300 millones de personas en las 174 ciudades más pobladas del mundo y los resultados confirman que las ciudades compactas tienen una calidad de vida mayor. El motivo se debe a que son en este tipo de ciudades donde se hace un mayor uso del transporte público y de los trayectos a pie lo que da lugar a que haya menos coches y menos contaminación. Esto da lugar a que este tipo de ciudades supongan un gran potencial para el ahorro energético.
«Nuestro estudio cuantifica la relación de cada modelo de ciudad con distintos factores, pero no ofrece soluciones; si acaso, arroja información que puede ayudar a tomar decisiones sobre el planteamiento urbano o transporte público», ha explicado Javier Ramasco, Investigador del CSIC. «En París, una ciudad muy compacta con un solo centro, hay un transporte público muy fuerte que lleva a la gente hacia ese centro. El ejemplo contrario sería Los Ángeles, donde hay muchas zonas con movilidad distribuidas por el espacio y rodeadas por zonas con un nivel de movilidad muy bajo. Allí el transporte público es un desastre; el metro tiene pocas líneas y hay muchos coches».

El verdadero reto, por tanto, está en transformar las ciudades en espacios sostenibles y energéticamente eficientes. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible marca la hoja de ruta a seguir. De nosotros depende el modo en que se desarrollen las distintas estrategias para crear estas ciudades inteligentes, eficientes y compactas.