Esta semana continuo con la explicación de esa nueva figura que nos interesa tanto como consumidores, la del “agregador de la demanda de energía”, y de nuestra participación mucho más activa en el sistema gracias a esa figura y a los recursos energéticos distribuidos que vamos a agregar y aprender a manejar más y mejor, incluido el vehículo eléctrico.

Hasta ahora, el ajuste entre demanda y generación de energía solo estaba abierto a las centrales eléctricas, mientras que con la agregación, estos servicios al sistema; los puede ofrecer cualquiera. Yo misma, por ejemplo. Es decir, conseguimos que más actores, como hogares, empresas o Administraciones, participen en el sistema energético.

Vamos ya con mi vehículo eléctrico como un recurso energético distribuido, en especial si no requiere de una recarga inmediata. En estos casos la batería del coche se convierte en ese recurso gestionable, ya que se aprovecharían las horas valle (con el kilovatio hora más barato) para la carga y se enviaría la energía que no consume a la red en horas pico (con el kilovatio hora más caro), con lo que se obtendría también por esta vía un beneficio económico.

Pero hay más, si necesitas que el coche esté cien por cien cargado a las ocho de la mañana para ir al trabajo, te da igual si la carga ha tenido lugar entre las 20.00 a las 23.00 horas que de las 3.00 a las 6.00 horas, o si la carga se ha ido poniendo en marcha e interrumpiendo en distintos momentos a lo largo de la noche en función de si al sistema le sobraba o faltaba energía en ese momento concreto.

Qué os quiero decir con esto, que como prueba palpable de cómo funciona un recurso energético distribuido, además de las cargas y descargas en horas valle y pico, respectivamente, es capaz de responder de forma dinámica.

Esto significa que si hace mucho viento y se está generando mucha energía renovable, absorbe la máxima energía posible, pero si hay un parón de generación eólica, para también momentáneamente la recarga. Es decir, no es solamente la energía que no consumes, sino el hecho de poder modificar la demanda de forma ágil según las necesidades. Maravilloso ¿verdad?

Insisto en algo que ya comenté en la anterior entrada al blog: un sistema gestionable bien diseñado no supone que perdamos ninguna prestación ni confort como clientes, sea porque la temperatura de la nevera supere determinados límites (la semana pasada hablamos de cómo ajustar esa temperatura para ahorrar energía e incluso venderla) o porque lleguen las ocho de la mañana y tengas el coche eléctrico sin cargar.

De ahí la importancia de que se establezcan previamente unas condiciones previas bajo las cuales el recurso agregado puede ser usado por el agregador.

Por eso, para que funcione adecuadamente la figura del agregador es esencial tener acceso a una información precisa en tiempo y forma sobre nuestro consumo y aprovechar el potencial de la eficiencia energética y las energías renovables sin perder, e incluso mejorar, nuestra calidad de vida.

Sabremos siempre cuándo y dónde se producen consumos no deseados, incluidos los aparatos que quedan en modo stand-by. Los contadores digitales, la domótica y las tecnologías de la comunicación en general juegan un papel importante.

Las posibilidades que se abren son inmensas, sea en el sector residencial, comercial, industrial o de servicios, pero no hay que ser impacientes. Hay que esperar a tener un marco regulatorio apropiado y una definición de los requisitos técnicos, económicos y administrativos, para que aporten seguridad y fiabilidad, y me consta que desde el Gobierno y el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) se está trabajando duro en ello.

En Estados Unidos, Australia, Países Bajos y Francia ya han avanzado en el desarrollo y consolidación de los agregadores de la demanda, y me cuentan que en algunos hogares se consigue gracias a ellos un ahorro del 30% en la factura. No está nada mal. En España, Joan Herrera, el director del IDAE, ya ha dicho que “la figura del agregador tiene que entrar con fuerza en nuestro país, sobre todo en las ciudades y en la trama industrial, que es donde más energía se consume”.