Tras hablar bastante por aquí del papel central como “prosumidoras(personas productoras/consumidoras  que debemos tener y exigir en la transición energética en la que estamos embarcadas, me vengo arriba como ciudadana y digo basta ya de ser meros lectores y lectoras de una “factura de la luz” (como popularmente la llamamos) que, además, en la mayoría de las ocasiones somos incapaces de entender.

El autoconsumo es un paso , la figura de la agregación de la demanda es otro, la de convertir nuestro coche eléctrico en una minicentral de energía uno más, pero falta socializar y compartir todos los datos que genera este nuevo modelo energético con muchos más protagonistas para beneficiarnos mutuamente.

¿Por qué almacenar y compartir todos estos datos? Para utilizarlos en beneficio propio, como consumidora e incluso productora; para hacer más efectivo un sistema en red y descentralizado; y, en definitiva, para lo más importante: conseguir hacer más eficiente la producción y consumo de energía renovable y más confortable el hogar y el planeta. Sí, ya sé, me diréis que para eso ya están los contadores inteligentes, pero los contadores inteligentes son solo la primera etapa, la de la generación de los datos. ¿Por qué no aprovechar esos datos de una forma más inteligente también?

Yo quiero ir más allá, y los contadores inteligentes nos permiten ir más allá: contar con una central o plataforma de datos fiable, accesible, independiente, neutral y segura (en inglés se les llama data hub). No, no es mucho pedir. La tecnología para generar los datos ya está instalada y son nuestras exigencias como ciudadanía informada y participativa.

De acuerdo, el contador inteligente te puede informar, desde tu propio hogar o desde el cuarto de contadores, sobre tu consumo en cualquier momento del día, incluso compararlo con los picos de máximo consumo de potencia de los tres últimos meses. Poco más. Además, es una información unidireccional de la compañía eléctrica al cliente. ¿Y si quiero conocer, también de forma telemática, sin moverme de mi casa, si mi consumo se ajusta verdaderamente a lo que necesito; o identificar medidas claves para reducirlo; o compararlo con una vivienda tipo como la mía; o saber de verdad si la procedencia de la energía es de origen renovable; o cómo y de qué manera ajustar mis excesos o déficits de demanda o consumo…?

Además, llegará un momento en que como consumidores con recursos energéticos distribuidos, como placas solares, baterías o un vehículo eléctrico, tendremos libertad para ofrecer la energía que generen o su capacidad de almacenamiento a otro sujeto del sistema. Y recordad que, como ya os conté en su día, gracias a la figura del agregador hasta podemos vender la demanda de energía que dejamos de consumir con un electrodoméstico en el hogar, por ejemplo un frigorífico, previo contrato. Todo esto se podrá visibilizar dentro de una central de datos.

Con esta información centralizada y bien gestionada será más fácil detectar aquellas instalaciones más ineficientes, focalizando y multiplicando en ellas diversas medidas de ahorro, eficiencia y autoconsumo. Incluso se sabría en qué zonas funcionan mejor o peor determinadas instalaciones de autoconsumo. Todo ello facilitará el servicio que promuevan y ofrezcan los diferentes actores concernidos: agregadores, operadores, autoridades reguladoras, administraciones, comunidades vecinales, organizaciones de consumidores, empresas de servicios energéticos… Creo que es una forma de simplificar procesos que ahora parecen muy complejos y de aligerar los servicios de los que nos podemos beneficiar.

Plataformas así ya están empezando a ponerse en marcha en países del centro y norte de Europa, como Dinamarca, Noruega o Estonia, y permiten también el acceso a datos más genéricos y globales sobre precios, consumo y funcionamiento del mercado. Por supuesto tendrán que estar capacitadas para gestionar el volumen e importancia de toda la información que se avecina, con el autoconsumo y comunidades energéticas locales y con la gestión de la demanda de cada hogar. Y también para ser capaces, dentro de una deseable, extendida y amplia producción de energía con renovables, de ayudar a ajustar las curvas de demanda cuando estas estén a pleno rendimiento.

Seguro que os estáis preguntando qué cómo es eso de entregar unos datos personales sobre tu “actividad energética”. Lo primero de todo: los datos los gestionará una entidad neutral, no una compañía eléctrica o una comercializadora de energía, y el servicio ha de estar regulado, con su normativa al efecto. Y lo segundo: vosotros decidís hasta dónde queréis hacer públicos vuestros datos. Solo tendrán acceso a ellos terceras personas o empresas siempre que tú lo permitas. Además, en cuanto notéis cualquier anomalía o no estéis de acuerdo con el uso que se hace, podéis retirar el permiso de acceso a los datos.

Por todo ello, tengo ya ganas de que este sistema esté operativo cuanto antes y espero que a vosotras y vosotros os haya generado el mismo interés.