Los ciudadanos protagonizan la producción y el consumo de energía 

Si hay algo que caracteriza a esta transición energética que estamos viviendo ahora es la aparición de nuevos actores que la están impulsando. No puede ser de otra manera: como recuerda el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC),  la energía no es solo eso que hace funcionar la luz de tu casa, tus electrodomésticos, tu caldera, tu vehículo, etc. La energía es también participación y empoderamiento de la ciudadanía, democratización de las decisiones, soberanía e independencia energética.

En definitiva, los ciudadanos somos ahora los protagonistas, actores y activos. Ya no somos meros consumidores pasivos de la energía sin capacidad de decisión, sino que podemos ejercer de prosumidores, de productores de energía que la generan para su propio consumo, o incluso que pueden vender a la red de forma sencilla y sin trámites adicionales la energía producida sobrante gracias al mecanismo de compensación de excedentes

Para ello las renovables y su capacidad de democratizar el sistema energético son esenciales. Además de ser unas energías limpias vitales en la lucha contra el cambio climático o en la reducción de nuestra elevada dependencia energética del exterior, permiten a cualquier ciudadano producir su propia energía para autoconsumo, ya sea en su vivienda, en su comunidad de vecinos, de forma individual o colectiva.

En este contexto, surgen todo tipo de iniciativas ciudadanas de la gente, de personas como tú y como yo, que deciden dar ese paso y tomar un papel activo. En la Feria Internacional de Energía y Medio Ambiente (Genera),  promovida por el Ministerio para la Transición Ecológica y el IDAE celebrada recientemente en Madrid, pudimos ver y hablar en persona con algunos de estos nuevos actores.

Por ejemplo, “Vivir del aire”, un grupo de más 300 personas que ha puesto en marcha en Cataluña un enorme aerogenerador (tiene un rotor de más de 100 metros de diámetro), capaz de cubrir el consumo eléctrico anual de unas 2.000 familias.

O las cooperativas que comercializan energía renovable, como la federación de asociaciones de cooperativas en Bruselas: 1.500 cooperativas en Europa en la que participan un millón de ciudadanos con la idea de tener un contacto directo y personalizado con la gente, de apego a lo local, de contribuir a la generalización del consumo de energías renovables y a la toma de decisiones democráticas entre los clientes, que además son socios de la cooperativa. Aunque estas cooperativas todavía suponen el 1% de los contratos eléctricos en España, las características que os he comentado las están haciendo crecer de manera imparable en todo el territorio.

O el proyecto europeo de crowdfunding Crowdfundres,  para que cualquier persona pueda contribuir a financiar proyectos relacionados con las energías renovables.

Y es que la transición energética es también una oportunidad de generar empleo, de crear negocios que impulsen este nuevo modelo. Aquí las posibilidades son enormes: Producir, comercializar o financiar sistemas de autoconsumo, como placas fotovoltaicas, sistemas térmicos solares, aerogeneradores o baterías y acumuladores para guardar la energía que hayamos generado y tenerla disponible cuando haga falta; ayudar a la gente a reducir su consumo energético y conseguir un ahorro económico mediante empresas de servicios energéticos (ESE); aumentar la eficiencia energética mediante la instalación de sistemas que contribuyan a ello o mediante la rehabilitación energética de los edificios; desarrollar tecnologías, dispositivos y aplicaciones que faciliten el consumo, la producción y distribución de estas energías renovables y de los sistemas de ahorro y eficiencia energética, etcétera.

Las corporaciones y las entidades locales tienen también mucho que decir como actores activos. La transición energética no deja a nadie fuera, todo el mundo es importante y aporta, suma, en la medida de sus posibilidades, de sus características. Las corporaciones por su potencial para ofrecer nuevos productos y servicios que faciliten todavía más el desarrollo de las renovables o incluso incorporar las energías renovables en sus propios sistemas de producción, de posibilitar un cambio de modelo hacia una economía circular, una economía sostenible basada en el ciclo de la naturaleza donde todo se aprovecha. Un ejemplo de ello es RE100,  una red de 166 grandes multinacionales que se han comprometido a contar con una energía 100% renovable.

Y las entidades locales por su contacto directo y cercano con la ciudadanía, porque pueden hacer mucho más de lo que parece para generalizar en las ciudades cuestiones esenciales como las energías renovables, la eficiencia energética o la movilidad sostenible (como la que por cierto promueve el reciente puesto en marcha Plan MOVES).

Tras ver lo que os he contado, ¿a qué apetece convertirse en uno de estos nuevos actores y formar parte activa de la transición energética?